| Teodoro Calvo con Angela Merkel |
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[92, 2008, noviembre 28] Cuenta hoy Josefa Castro desde Berlín, en las “Crónicas de la emigración” de “Galicia en el mundo” que, bajo el lema ‘Alemania dice gracias’, el Gobierno alemán ha querido mostrar su agradecimiento a los emigrantes extranjeros de la primera generación por su contribución al resurgimiento industrial y económico del país, cuando a finales de los años cincuenta del siglo XX tuvo que reclutar trabajadores en otros países para poder cubrir la necesidad de personal en fábricas, minas, altos hornos, en la construcción, los servicios municipales y los hospitales. Con este motivo, la canciller, Angela Merkel, invitó a doscientos trabajadores extranjeros de diferentes nacionalidades, entre ellos, a nuestro paisano y hermano de mi padre, Teodoro Calvo.Son hombres y mujeres que a lo largo de su vida se distinguieron por su dedicación voluntaria a trabajos de ayuda social en la emigración o fueron protagonistas de algún hecho extraordinario. Seis de ellos, entre los que se encontraba el español Teodoro Calvo, fueron elegidos por sus biografías ejemplares para hablar de sus experiencias en la RFA con la canciller y la ministra y máxima responsable de Migraciones del Gobierno federal, María Böhmer. En el discurso dirigido a las personas invitadas, Böhmer dijo que la emigración había sido, para la mayoría de ellas, un viaje hacia un mundo desconocido en el que habían tenido que enfrentarse a todo tipo de problemas, un mundo que “hoy es para muchos una segunda patria”, subrayó, pero reconoció también que no se les había hecho fácil sentirse bien en este país, porque “no hemos hablado siempre el lenguaje del corazón”, lamentó, algo que ahora querían corregir, porque habían aprendido que “la integración es un proceso bilateral que cambia a todos”. Dijo también que Alemania había cambiado con los inmigrantes, porque no sólo habían ayudado a su enriquecimiento económico, sino que habían contribuido a que el país se transformara social y culturalmente, algo por lo que querían darles las gracias.
Al encuentro asistieron representantes diplomáticos de los países de procedencia de los invitados, así como los presidentes del Consejo de Dirección de las empresa BASF y Daimler AG (antes Daimler Benz), empresas que acogieron a numerosos trabajadores extranjeros. Asistieron también el presidente de la Oficina Federal de Empleo y el presidente federal de los Sindicatos, que ya desde 1961 integraron a los trabajadores extranjeros y representaron sus derechos. Terminado el acto oficial, todos los asistentes fueron invitados a una comida en la Cancillería.
Un honor inesperado
Al regresar de las vacaciones, Teodoro Calvo se sintió muy sorprendido por la invitación recibida de la Cancillería alemana. “No me lo esperaba”, asegura, pero son muchas las personas que le conocen y saben de su labor social voluntaria, a la que se dedicó prácticamente desde que llegó a Alemania, primero en las Misiones Católicas de lengua española, luego en la Asociación de Padres de Familia, y más tarde en el Centro de Día. Por eso no sorprende que le propusieran como candidato para representar a la emigración española en este acto honorífico, dirigido a la primera generación de trabajadores extranjeros en la RFA. Calvo no fue el único español invitado, “había otros cinco”, dice, aunque sí fue el único elegido para sentarse en el estrado junto a Angela Merkel y los presidentes de las empresas ya mencionados, para que, con otros cinco representantes de otros tantos países, contaran cómo habían vivido la emigración. El activo jubilado cuenta que, ya días antes de la recepción en la Cancillería, la prensa alemana había comenzado a preocuparse por su biografía. Le llamaron para concertar entrevistas, “incluso vino una fotógrafa de Berlín exclusivamente a mi casa para hacerme fotos”, comenta. Pero su mayor sorpresa fue cuando llegó a la capital alemana y, ya en la estación central, le esperaban fotógrafos y periodistas “como si fuera una estrella de cine”, recuerda entre incrédulo y divertido, aunque, en aquel momento, todo el interés de los medios por su persona le pusieran más nervioso de lo que ya estaba “pensando que tenía que hablar delante de tanta gente”, dice, “porque yo no estoy acostumbrado a esas cosas”.
La ministra María Böhmer le recibió en la Cancillería, a él y a los otros cinco “ejemplos vivos de la emigración”. Sobre el recibimiento que les habían dispensado, Calvo dice que tuvieron “una acogida muy calurosa”. Cuando después de los discursos de Merkel y Böhmer le tocó el turno de hablar, Teodoro Calvo se refirió a lo que había significado para él la emigración; dijo que el vivir en el extranjero suponía un enriquecimiento para cualquier persona, dando más peso a esta afirmación que a las dificultades por las que tuvieron que pasar los que, como él, vinieron aquí para trabajar. Habló también de la importancia de la integración en la sociedad de acogida, dificultada por la falta de conocimientos suficientes para comunicarse en alemán, y del esfuerzo de los padres españoles por la educación de sus hijos, para integrarlos en el sistema escolar alemán y conseguir que, al mismo tiempo, aprendieran la lengua española en las escuelas complementarias y mantuvieran su identidad como españoles.
Esto fue posible gracias al movimiento asociativo, que agrupó a los padres españoles con un objetivo común: lograr para sus hijos la mejor educación posible. En este sentido, Calvo resaltó la importante labor realizada por las Asociaciones de Padres de Familia en Alemania y en particular, en Hannover.
Naturalmente, habló también del “Centro de Día de Hannover”, al que dedica casi todo su tiempo desde que se ha prejubilado, y de lo que para otros jubilados significa el tener este punto de encuentro para relacionarse, mantenerse activos y aprender cosas nuevas participando en los diferentes cursos y actividades que allí se ofrecen.
Teodoro Calvo López
Nació en Burgohondo, un pueblo de la provincia de Ávila. Hijo de campesinos castellanos y con una formación elemental, decidió emigrar a Alemania con sólo veintitrés años. En casa eran siete hermanos y dos de sus hermanas también se habían ido a trabajar a la capital de España. Posiblemente eso le animó también a él a dejar el pueblo. Los motivos ni él mismo parece tenerlos muy claros, “todos se iban”, argumenta, pero él entonces no tenía una meta determinada, “era joven y quería probar suerte, ganar dinero unos años”.
Con el primer dinero que pudo ahorrar se compró un solar en su pueblo, donde más tarde construyó una casa que, por ahora, sólo usa para pasar las vacaciones con su familia, “pero por eso no me vine”, asegura, refiriéndose a la construcción de la casa. Su primer trabajo en Alemania fue en Wunstorf, en las inmediaciones de Hannover, lugar a donde llegó en 1969. Allí trabajó en una gran industria del ramo de la alimentación. En la misma empresa trabajaban muchos españoles, “entre el ochenta y el noventa por ciento de los trabajadores eran españoles”, cuenta, tanto así que “tenía la sensación de estar en España”, si no fuera por el clima.
En uno de sus viajes a casa había conocido a una chica con la que, tras formalizar las relaciones como era costumbre en aquel tiempo, se casó dos años más tarde. También ella consiguió un contrato de trabajo y, después de la boda, se vino con él a Alemania. Un año más tarde nacía su hijo Andrés. En Wunstorf trabajó poco más de año y medio, luego, en enero de 1971, comenzó a trabajar para Volkswagen en Hannover y allí se quedó hasta que, por motivos de salud, tuvo que jubilarse prematuramente a los cincuenta y cinco años. Desde entonces dedica gran parte de su tiempo al Centro de Día, donde coordina las actividades que se realizan y es la mano derecha de Hortensia González, la asistente social de Cáritas responsable del proyecto. Para esta labor se preparó en los seminarios de ¡Adentro! de la Academia Española de Formación, en los que participó regularmente entre 2001 y 2006.
Durante los primeros años de su estancia en Hannover asistió a las clases que se ofrecían para obtener el título de graduado escolar en la Casa de España, en cuyo edificio se encuentra actualmente el Consulado. También aprendió alemán para poder desenvolverse mejor en la sociedad alemana. Sobre la posibilidad de retornar a su pueblo, dice que todavía no tienen nada decidido. Por un lado, su mujer todavía no alcanzó la edad de la jubilación y tendrá que seguir trabajando unos años, por otro, está su hijo que, tras terminar los estudios de traductor técnico en la Universidad de Hildesheim, consiguió un empleo estable en una entidad española en Hannover.
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