Santuarios rupestres prehistóricos en Ávila Imprimir
Por la relación que mantiene con el Alto Alberche, fundamentalmente con Hoyocasero, aunque no sólo, y con los recientes descubrimientos de nuevos altares rupestres en Ávila, recupero en este espacio digital el comentario que Francisco Fabián, arqueólogo territorial de la Junta de Castilla y León en Ávila, publica hoy 7 de diciembre en El Diario de Ávila. 

Hace poco un opinante comentaba en la versión digital de la noticia sobre el hallazgo de un santuario rupestre, que Ávila entera parece una provincia-santuario. Era una ironía que se permitía para caricaturizar la frecuencia con la que este tipo de noticias se están produciendo en la prensa. No sabemos si se refería a todas las noticias que aparecen en la prensa, en las que están las que pueden decirse oficiales y otras que no lo son. En cualquier caso a las que yo me referiré aquí son las manifestaciones contempladas y admitidas por la investigación arqueológica de una manera científica.

Las manifestaciones de cultos antiguos que tiene como protagonista a una roca no son más abundantes en Ávila que en cualquier otra provincia. Ávila no sería en otro tiempo más santurrona que las demás, sería igual porque el ser humano en todas partes ha necesitado siempre crear o identificar lugares donde llevar a cabo lo cultos, con el deseo de tener sitios donde comunicarse con sus creencias. Para entendernos mejor: esos lugares son como desde hace 1400 años son nuestras iglesias cristianas, estas constituidas por un edificio bien levantado porque son más modernas. Mucho tiempo antes de eso, con menos protagonismo arquitectónico, fueron otros los lugares donde se practicaban los cultos cuando la religión cristiana no había aparecido todavía y las creencias eran otras. La antigüedad y si se quiere decir así: «el primitivismo» hace que las manifestaciones sean de una manera o de otra y siempre, cuanto más antiguas, más difíciles de reconocer.

En la prehistoria una roca que destacaba, un manantial, una montaña majestuosa que se alzaba más cerca del cielo o por la que salía el sol en un momento concreto del año, un bosque o un determinado paraje singular podía ser objeto de culto, puesto que en él se veía la huella de la divinidad y por tanto la posibilidad de comunicarse con ella desde ese sitio. Saber reconocer estos lugares es un reto difícil que tiene la investigación arqueológica, puesto que no siempre son evidentes. Pero la arqueología, como parte de la ciencia histórica que es, sólo puede identificar aquellos lugares donde observa pruebas de la acción humana, donde no las hay, no entra.

Con suerte la arqueología identifica a veces estos santuarios antiguos implicando con ello un aporte de gran valor para saber detalles de las creencias del pasado, puesto que allí están las esencias de las inquietudes y preguntas de los grupos humanos sobre lo que no veían pero creían percibir o esperaban. Estos lugares a veces no tienen otra huella humana que no sean unos entalles en la roca para ascender a lo alto, como es el caso del Canto del Mortero, en Bonilla de la Sierra u otro inmediato al Castillo de Malqueospese. Otras veces son auténticas escaleras talladas en la roca, con mejor tecnología y con una estética que por sí misma habla de un tiempo más reciente en torno al cambio de Era.

El tallar entalles en la roca o ya propiamente escaleras, no es otra cosa que dignificar el sitio donde está el santuario, hacer alguna obra en él que lo distinga de las demás rocas del entorno. En la mayoría de los casos no se precisan escaleras ni entalles para subir a lo alto de la roca, pero se hacen para caracterizar el lugar, para que no se confunda con los demás, para la ceremonia. Los presbiterios de nuestras iglesias están más altos y se accede a ellos a través de escaleras como un gesto simbólico de acceso al lugar donde la conexión con la divinidad es más directa a través del oficio del sacerdote. Posiblemente unos ritos no son otra cosa que la evolución de otros anteriores.

No hemos cambiado tanto. Lo que sucedió en estos santuarios no lo conocemos, tan sólo podemos intuirlo. Pero tenemos pistas para seguir investigando. La primera es la falta de operatividad en la vida diaria de estos sitios, lo cual inclina a pensar que obedecen a acciones distintas. La segunda es la ausencia de restos de habitación en la zona inmediata, lo cual indica una frecuentación esporádica. La tercera es la similitud de estos lugares con los que utilizan para sus ritos pueblos actuales todavía casi en la prehistoria. Y la cuarta pista serían algunos casos en los que se nos dice expresamente el tipo de ceremonias que se llevaban a cabo en uno de ellos, sirviéndonos así de prototipo.

En este sentido el caso más explicito es el santuario rupestre de Panoias, en Vila Real, una ciudad del centro de Portugal. (Se puede ver en Internet localizándolo a través de Google). Allí uno de estos santuarios pre romanos trascendió a la época romana, que fue cuando los lusitanos aprendieron a escribir, como nuestros vettones, sus vecinos y aliados. Sabiendo ya escribir, pero en latín, tallaron en la roca una inscripción donde se identificaba el sitio con sacrificios e incluso se daban detalles de cómo había que hacerlo. Ese santuario tiene los mismos componentes que algunos de los que ahora investigamos en Ávila, sólo le faltaría la inscripción, lo cual podría indicar que no llegaron a la romanización o que no pareció necesario escribir nada porque sabían bien lo que tenían que hacer allí.

El de Ulaca es uno de estos. En él se ven muchos de los componentes que se dan en otros: un recinto tallado en la roca que circunda una roca y esa roca tallada con unas escaleras que ascienden a un lugar donde unas serie de oquedades se comunican entre sí, mostrando quizá que lo vertido en ellas fuera cayendo de unos a otros sucesivamente. Manuel Pérez, experto en astronomía y profesor de la Universidad de Salamanca ha hallado claras connotaciones de tipo astral en los detalles del santuario de Ulaca, lo cual implica un componente adicional a tener en cuenta. Es obvio que el hombre miraba al cielo con frecuencia en la antigüedad no solo buscando respuestas a sus preguntas sino también información operativa para saber como manejarse en la vida diaria. Sin escritura era preciso dejar marcas para saber reconocer en el cielo los ciclos que les interesaban y de paso honrar a quien tanto temían, al cielo que les enviaba la luz, el agua, la desgracia y la superioridad.

Hay lugares de estos por toda Europa, con tipologías diferentes, porque también responderán a ritos diferentes o distantes en el tiempo. Lo importante es localizarlos y estudiarlos bien, por eso la colaboración ciudadana es fundamental y la difusión que se dé de ellos también. En este sentido el Servicio Territorial de Cultura agradece y comprueba las informaciones que le llegan al respecto. Eso sucedió con el aviso dado el Diario de Ávila por un particular de Bonilla de la Sierra, identificándose no uno, sino dos de estos santuarios a escasa distancia el uno del otro. En ambos, como en otro de Hoyocasero del que ya se dio noticia, se tallan escaleras en la roca para ascender a lo alto de ella.

En unos casos hay en ese punto una oquedad natural o artificial que lleva a pensar como hipótesis en sacrificios de animales e incluso humanos, una práctica por cierto muy usual en todas las culturas antiguas, incluso en civilizaciones muy adelantadas como la romana. Hay que recordar al respecto las noticias sobre la práctica de sacrificios humanos y de animales que el historiador greco-romano Estrabón atribuye a los lusitanos e incluso la noticia de Plutarco sobre la prohibición de seguir haciendo sacrificios humanos y de caballos con los que solían sellar pactos los habitantes de Bletisa (la actual Ledesma, en Salamanca) en el 96-94 a.C. Allí eran vettones como los de aquí.

No podemos asegurar por ahora nada que no pueda ser comprobado, pero en los dos nuevos de Bonilla todo parece indicar que lo que se llevara a cabo en la parte más alta de la roca debía caer resbalando, fuera el líquido que fuera. Nos faltan muchos detalles más por conocer, por eso seguiremos investigando en otros campos tales como la situación que presentan, su posible relación con los fenómenos del cielo e incluso a través de excavaciones. Todo ello tiene que desembocar en una ruta de lugares simbólicos de Ávila de forma que no solo los arqueólogos podamos disfrutar de estas cosas, sino toda la sociedad, a la vez que sea un factor más en nuestros empeños turísticos.
 
Comentarios (1)
¿Santuarios rupestres?
1 Miércoles, 08 de Diciembre de 2010 08:41
Ángel L. Mayoral Castillo
Felicitaciones por los hallazgos. Me gustaría que, si no tienen inconveniente, echasen un vistazo a estos enlaces:

http://www.facebook.com/?ref=home#!/album.php?aid=13810&id=100001687000994

http://www.facebook.com/album.php?aid=14792&id=100001687000994

http://www.facebook.com/album.php?aid=13272&id=100001687000994

Un cordial saludo
Ángel L. Mayoral

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