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Texto y fotografías: Roberto López Mayorga
(Más fotografías de la ruta en el apartado correspondiente de "Rutas por el Alto Alberche") Ruta 4. Fotografías.
Por más que me esfuerce en describir las sensaciones que son capaces de aflorar en ti a cada paso que das en esta ruta, es imposible relatarlo.
Os invito a que lo viváis y seguro que no os va a defraudar. Eso sí, estad abiertos a sensaciones inimaginables. Tras hacerla tendréis una gran cantidad de recuerdos en imágenes, olores y sonidos. Un espectáculo que nos brinda la naturaleza en nuestro valle.
FICHA DE LA SENDA:
Longitud: 15 Kilómetros aprox.
Desnivel: 900 m.
Tipo de ruta: ida y vuelta por el mismo camino.
Recomendaciones: Resulta recomendable ir provistos de ropa cómoda, botas, gorra para el verano, protección solar.
Época del año recomendada: cualquier época del año, aunque en invierno encontraremos nieve.
Duración: 4 Horas.
Lugares de Interés: Puente de Navaluenga (s.XVI) , Iglesia Parroquial de los Villares (s.XV), Ayuntamiento de Navaluenga (s. XVIII).
Información de la localidad por la que discurre:
Navaluenga: se encuentra situado a 795 m. de altitud. Posee 2297 habitantes (dato extraído del INE a 01-01-08). La distancia a Ávila: 40 Km. Distancia a Burgohondo: 7 Km.
DESCRIPCIÓN DE LA SENDA:
Dada la importancia y trascendencia que supuso, y hoy día representa la Abadía de Santa María del Fondo, la explicación de cada una de las rutas comenzará desde la Plaza de la Abadía de Burgohondo.
En esta ocasión nos debemos trasladar hasta Navaluenga, para llegar hasta el Puente, donde dejaremos el coche. La parada es obligatoria para quedar encandilados con este sitio. Puente construido en el siglo XVI por los vecinos del Concejo del Burgo para poder pasar el ganado desde una parte del río a la otra, ya que el caudal solía ser bastante caudaloso. Algo más.
Una vez cruzado el puente, y haber hecho alguna foto, proseguimos por la calle Camino de Agualosprados, hasta salir del municipio. Es aquí, donde encontramos el primer cruce.
Nosotros abandonamos la pista de asfalto para ascender por una amplia pista de tierra. Conforme vamos ascendiendo, si volvemos la vista atrás, podemos ir viendo cómo Navaluenga descansa a ambos lados del río, vía que lo cruza de Este a Oeste dándole todo el colorido que posee.
Llegamos a un cruce que nos indica hacia el Barranco. Nosotros hacemos caso omiso y continuamos por la vía de la izquierda. Superamos una fuente (Fuente Giana) y dos arroyos. Aquí es donde las truchas suelen subir, no sin grandes esfuerzos para poner los huevos bajo las piedras, ya que las aguas son cristalinas.
Rápidamente comenzamos a subir, por un camino en forma de eses y entre robles, que inundan el camino. La disposición de los árboles parece como si de una danza de lanzas se tratase.
En una de esas curvas, encontramos un desvío hacia “La Lobera”. Nosotros lo dejamos al lado izquierdo y continuamos por nuestra senda. Tras subir 500 m de altitud, llegamos a una pequeña explanada, donde se encuentra situada la ermita de la Virgen del Espino. A este lugar llegan cada último fin de semana de mayo gran cantidad de personas para celebrar la popular romería.
Continuamos por el camino que habíamos dejado atrás, para seguir subiendo. Pronto nos quedamos maravillados por el contraste de colores de los robles, los pinos, las verdes praderas y las plantas silvestres que crean un tapiz difícil de igualar. Sobre nuestras cabezas vuelan un nutrido grupo de buitres leonados y algún que otro buitre negro, rastreando la zona para saciar su hambre. La sensación de estar siendo observados en cada momento por estas aves, nos recuerda que estamos en una zona especial de protección de aves.
Tras sobrepasar un portalón que delimita la Reserva Natural del Valle Iruelas, continuaremos unos 15 minutos andando, hasta llegar al fin de nuestro trayecto. Este tiene su fin en un arroyo, el cual da nombre a nuestra ruta.
Los más osados podrán continuar un kilómetro más por una vía adicional paralela al arroyo del Cambronal, que encontramos a nuestra derecha. Eso sí, posee un desnivel de 200 metros, pero el esfuerzo queda recompensado cuando llegamos a su fin y vemos un entorno tan maravilloso. A partir de aquí debemos de desandar lo andado para regresar al Puente de la bella localidad de Navaluenga, donde habíamos dejado el coche.
Espero que os haya gustado, y recordad: LA NATURALEZA SOMOS TODOS, RESPETÉMONOS.
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