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Estos días, en El Diario de Ávila, Patricia García Robledo entrevista a José María García Somoza, un sacerdote del Barraco.
Ya desde pequeño leía a los místicos abulenses. Tuvo contacto con San Juan de la Cruz y Santa Teresa a través de sus escritos, y con San Pedro de Alcántara a través de Arenas de San Pedro, lugar de su adolescencia y juventud y de su labor como párroco, más adelante. Conoce las faenas del campo, de la ganadería, las de monaguillo, también las del trabajador de la construcción. Y ama el Valle de Iruelas y la Sierra de Gredos. Todo ello lo conjuga con su vocación sacerdotal, su labor docente y pastoral. José María García Somoza (El Barraco, 1951) es vicario de Pastoral de la Diócesis de Ávila, una tarea que afronta con un bagaje vital y espiritual cuajado de experiencias.
Hasta los doce años, José María vivió en El Barraco, que sigue siendo su lugar de referencia. «Soy hombre de pueblo», confiesa. Fue al seminario por vocación. «Me cautivaba la vida del cura de mi pueblo». Estudió Latín y Humanidades durante cinco «preciosos» años en Arenas de San Pedro, pasó tres años más en Ávila estudiando -estrenó el Instituto ‘Alonso de Madrigal’-. Su siguiente parada fue la Universidad Pontificia de Salamanca, en cuya Facultad de Teología estudió durante siete años.
Tras acabar la universidad, pasó un año trabajando en la construcción. «Pertenezco a una generación de experiencias, y entonces era muy común», asegura, «también pasé dos veranos trabajando en Suiza». Coincidió con «ese momento tan apasionante de la generación de los partidos políticos y las centrales sindicales». «Uno se podía radicalizar perfectamente en una opción marxista, comunista, o en una opción mística, religiosa, era algo muy próximo entonces», asegura. También tenía entonces una gran fuerza el mundo universitario y estudiantil
Como sacerdote, atesora una carrera de 32 años. Durante dos décadas, fue formador en el Seminario, lo que le permitió «una gran conexión con adolescentes y jóvenes». La formación ha sido «una etapa larga, intensa y muy bonita» en su vida.
Después fue párroco en Arenas de San Pedro, una localidad que lleva en el corazón y en el espíritu. Para él, la figura de San Pedro de Alcántara es «fundamental». «En Ávila tenemos los escritos de Santa Teresa y de San Juan de la Cruz, pero San Pedro dejó poco escrito, él es el testigo», apunta.
Su experiencia arenense le ha marcado, y se deshace en elogios hacia las gentes del Tiétar. «Un párroco es un cura de todo el mundo, de niños, jóvenes, familias, matrimonios, ancianos, un cura de proximidad, y a mí eso me llenó», confiesa.
Desde hace nueve años, es vicario de Pastoral. Este puesto le permite conocer «toda la diócesis» y trabajar en una relación muy estrecha con el obispo. Ahora, con Jesús García Burillo, pero comenzó con Adolfo González Montes, aunque por muy poco tiempo.
«La tarea es tener la diócesis en la mente y en el corazón», añade, «y me ha permitido conocer qué es de verdad una iglesia diocesana, desde grandes comunidades hasta pueblos que cierran en invierno». Asegura que es una diócesis que, por su proximidad a Madrid y por la universalidad que le han regalado los místicos, ha transformado Ávila en «punto de encuentro».
¿Ávila sabe apreciar su patrimonio espiritual? «Hay personas, no solo nuestros mayores, que sus iglesias las viven desde dentro, y tienen muy integrado el patrimonio como expresión y cultivo de su fe, son comunidades vivas; otro sector tiene una pertenencia a la Iglesia de tarde en tarde, en acontecimientos familiares y en sacramentos, y tienen una valoración más cultural e histórica del patrimonio, y otro sector valora, por formación, el patrimonio, pero está alejado de la fe y de la espiritualidad».
Ante ello, señala el vicario de Pastoral, «el segundo y, sobre todo, el tercer grupo, son una preocupación». «La verdadera preocupación es si ese patrimonio tan rico es capaz de transmitir vivencia y una vida espiritual o simplemente es un patrimonio histórico que se queda ahí, sin más», reflexiona. Y desde la Pastoral «se trabaja para que ese primer núcleo sea misionero, porque Ávila reclama esa misión».
García Somoza destaca que su localidad natal, El Barraco, es tierra de emprendedores. En la capital, dice, hay menos pulso. «Ávila necesita un mayor protagonismo de asociaciones y grupos civiles, no podemos ser tan dependiente de los organismos oficiales, y Ávila lo es», critica.
«Ávila es muy dependiente de los organismos oficiales, y por lo tanto hay poca movilidad, poca creatividad, y eso sí reclama cambios», añade. Pero claro, esos cambios los impulsa «una presencia continuada de gente joven, y eso no lo tenemos». A su juicio, «el problema de la ciudad y de toda la provincia es que la gente joven marcha, se tiene que marchar, aunque es verdad que regresa en sus momentos de ocio», pero «su actividad laboral y profesional, algo fundamental, no lo tenemos aquí».
La cercanía con la capital de España tiene su cara y su cruz. «Somos muy dependientes de Madrid, y más de la mitad de la provincia depende mucho de ella», lamenta, «y necesitamos por ello más creatividad, grupos que puedan montar empresas, que puedan invertir, y deben salir desde dentro, porque si no es difícil que arraiguen».
José María García Somoza propone alentar ese espíritu emprendedor. Motivar. Fomentar la conciencia de grupo, el trabajo cooperativo, la creatividad y la iniciativa. «Necesitamos hacerlo, puede ser a pequeña escala, porque esta es una provincia pequeña, y debe hacerse con inquietud», indica, y por ello anima a las autoridades «a alentar cualquier iniciativa, por pequeña que sea, porque tenemos muchas posibilidades y podemos ponerlas en marcha».
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D. José Mª ha aceptado ser el Pregonero dela Muy Antigua y Verdadera Cofradía de la Santa Vera Cruz de Candeleda en su Semana Santa-2012.
En esta singularísima Semana Santa de Candeleda, tiodos sois bienvenidos.
Desde esta antiquísima Cofradía un afectuoso saludo para todos.
Ramón Lorente De la Luna-Vicesecretario de Comunicación de la Cofradía.