Protagonistas del Alto Alberche: Gervasio González, celebra sus 100 años en El Barraco Imprimir

[599, 2011 junio 19] "Pequeño, que te tienes que ir con el espía". Las temidas órdenes del sargento Germán Mellado aún resuenan con fuerza en la cabeza de Gervasio González Sánchez a pesar de que ya han pasado 75 años desde que las oyera. Y es que, afirma este barraqueño, y sabe bien de lo que habla, «la guerra es la peor experiencia por la que puede pasar una persona». Y más aún una Guerra Civil como la que a él, recién casado y a pocos meses de que naciera su primer vástago, le toco vivir. Lo cuenta hoy Estela Carretero en El Diario de Ávila.

Pero pese a haber estado en primera línea de fuego, desenrollando cable para que se pudieran llevar a cabo las comunicaciones entre ‘el espía’ y los mandos de su batallón, Gervasio, al que muchos llamaban pequeño por su baja estatura, confiesa con una espontánea sonrisa haber sido un hombre feliz. Los sinsabores de la vida siempre fueron menores que las alegrías que a este barraqueño, que hoy cumple un siglo de vida le dieron su matrimonio y el nacimiento de sus seis hijos.

Sólo los años de la guerra, en los que este centenario estuvo luchando en Guadalajara, alejaron a Gervasio de El Barraco, la localidad donde nació un 19 de junio de 1911. Haciendo un repaso por su dilatada biografía, en el que las fechas y los nombres se suceden continuamente demostrando que aún cuenta con una memoria privilegiada, recuerda que fue el cuarto de los seis hijos que tuvieron Apolonio y Fernanda, una pareja de cabreros de este municipio. También, que nació en la calle Real de Abajo de El Barraco, vía que tras muchos años con otra nomenclatura recientemente recuperó el nombre que llevaba hace un siglo, y que fue muy poco al colegio porque «enseguida nos echaban al campo». De hecho, muchos de sus recuerdos de infancia son de las subidas al monte junto a una de sus hermanas para cuidar a las cabras.

En este relato vital recuerda también que a otro de sus hermanos sus padres también le llamaron Gervasio, porque también nació un 19 de junio, y que «con catorce años murió mi padre», con lo que «empecé pronto a trabajar». Aunque en su vida laboral hizo «un poco de todo», lo cierto es que el trabajo en la construcción, sobre todo arreglando tejados, ocupó muchos de sus días.

Con apenas doce años ya era novio de Prudencia González, la que en el 12 febrero del 36, nuevamente da muestra de su formidable memoria, se convertiría en su esposa. La conocía «desde niño» porque su familia vivía cerca de la de los padres de Gervasio y al hablar de ella, que murió hace dos años, este centenario aún se emociona. No en vano, estuvieron casados más de siete décadas fruto de las cuales tuvieron seis hijos, «aunque una murió con apenas un año», que les han dado una decena de nietos y cinco biznietos.

Excelente salud. Pese al temblor en las manos que le acompaña desde hace tiempo y que dice es una herencia familiar, Gervasio cuenta con una salud envidiable, tanto que hasta hace apenas un par de años no necesitaba de una sola pastilla. Un anticoagulante y un protector de estómago son las únicas medicinas que toma este centenario que en la actualidad vive en la residencia municipal de El Barraco y que, confiesa con una sonrisa algo pícara, que quizás parte de el secreto de su magnífica salud radique en los dos tragos de aguardiente que toma al día; uno al levantarse y otro al acostarse. Otras aficiones no tiene este hombre menudo y de complexión delgada que no aparenta los cien años que tiene porque «siempre me han echado de menos». De echo, cuenta entre risas, cuando la gente trataba de adivinar su edad el siempre terminaba diciéndoles «tú, echa, echa... porque todo el mundo se quedaba corto».

Poco antes de finalizar nuestro encuentro le pregunto si le queda algún deseo por cumplir. Se lo piensa. Me mira. Mira a sus hijos que también nos acompañan durante la entrevista. Y finalmente dice que prefiere callárselo, seguramente por aquello que dicen de que si se cuentan los deseos no se cumplen. Felicidades Gervasio y, ojalá, que algún día se haga realidad su sueño...    

 

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