| Octubre de 1933, las escuelas de Villanueva de Ávila: obra de desarrollo comunitario |
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Villanueva de Ávila, octubre de 1933: se recogen los frutos del esfuerzo comunitario por dotar a las entonces llamadas Umbrías de Navatalgordo de un centro para la formación de los muchos jovenzuelos que poblaban los dispersos barrios de la ladera Norte de las estribaciones de la Sierra de Gredos. No es lugar éste para afrontar la presentación de la educación primaria y secundaria en el Concejo del Burgo a lo largo de su historia. Tal vez no sea el espacio en que ha de tratarse. En estas líneas que siguen, no pretendemos dejar memoria de una propuesta cultural bien determinada, que se rige por los consabidos contornos del programa académico español. El pueblo entra aquí no como exponente del academicismo de la sociedad actual, hijo de la lógica aristotélica y de la razón ilustrada del siglo XVIII, que aprendió todo en los libros. El centro de nuestra atención radica en la referencia que supone una propuesta local de colaboración social para sacar adelante un espacio deprimido que alguien denominó en su día “las Hurdes de Ávila”. Nada tiene que ver aquel espacio serrano alejado de los centros de desarrollo comarcal, que conquistaron un día a raposas y alimañas los cabreros y pastores de las Umbrías de Gredos, con el nuevo municipio, Villanueva de Ávila, segregado de su matriz, Navatalgordo, en 18 de diciembre de 1990 bajo la corporación presidida por don Dionisio Muñoz Montero. Villanueva de Ávila hoy es otra cosa. En este mismo ordenamiento hay lugar aquí para hablar también del nuevo cementerio, levantado por los vecinos con aportación de trabajo y dinero, y consagrado el 15 de agosto de 1942. Algunos testimonios relatan todavía hoy la macabra escena que refleja el traslado de los difuntos, amarrados a las caballerías, a través de las angostas trochas que separan Villanueva del núcleo urbano de Navatalgordo, pasado el Alberche. El arrojo con que se proyecta un espacio para la sepultura digna de los familiares se materializa también, pocos años después, con el reclamo de la erección canónica de una nueva parroquia, San Pedro Bautista, que llegará con ocasión del 18 de agosto de 1951. Cementerio y parroquia, memoria y culto, permanencia y eternidad, constituyen definitivamente los referentes comunitarios que aúnan la dispersa población de las lomas suaves de las Umbrías navatalgordeñas. La construcción del depósito de agua, como “obra de desarrollo comunitario”, que trae finalmente agua corriente al pueblo, representa un capítulo igualmente relevante entre los abordados por la colectividad que vive en Villanueva de Ávila. Las gestiones se inician en 24 de febrero de 1972. El 16 de diciembre de 1974 llega definitivamente el agua corriente. Alguien apuntó hasta la hora: son las cinco de la tarde. Las escuelas de Villanueva, las primeras escuelas, memoria y reflejo del hacer colectivo, son, pues, nuestro interés; pero en el marco que se refleja en cualquiera de los mencionados proyectos comunitarios. Ya han pasado casi veinte años desde aquella fecha que celebrara los primeros cincuenta de vida de las estas escuelas. Con aquella ocasión no se quiso olvidar todo el esfuerzo que el pueblo entero empleó en conseguirlo. Ecos resonados de aquel momento son los que ahora invaden estas líneas que hemos querido recoger. Dos son los primitivos y precarios refugios que acogieron a sendos maestros en la sierra abulense. En el barrio de los Arquitones, don Rufino Varas, natural de Navarredondilla, impartía clase a los niños y niñas de los barrios cercanos: el Lomo de Acá, el Lomo de Allá, las Hoyuelas, el Horcajo, los Andrinos, los Arroyuelos, las Tórdigas, las Erillas y los propios de los Arquitones. Don José Pasolodo, por su parte, natural de Casavieja, se instaló en un rústico albergue venido en escuela instalado en el barrio del Arroyo del Moro, al otro lado de la garganta de los Colladillos. Allí atendía las primeras letras de los niños y niñas venidos del Hornillejo de Acá, el Hornillejo de Allá, la Cercedilla, la Cañada, los Veneros, el Bautejo, Roblellano, los Hermanos, Navahondilla, así como de los propios del Arroyo del Moro, todos al Este de la citada garganta de los Colladillos. No pasa mucho tiempo, sin embargo, hasta que el céntrico barrio de los Arroyuelos viera construidos unos barracones de madera y tejas de zinc. Es el año 1941 y se los conoció como las “nuevas escuelas de las Umbrías”. De ellos se ha escrito que, “cuando hacía aire fuerte volaban a merced del viento (las tejas de zinc), yendo a parar algunas de ellas cerca del cementerio. Uno de los barracones que era más largo serviría más tarde de comedor para todos los niños que venían de los otros barrios, con lo que la clase se impartía por la tarde”. Las condiciones históricas y sociales todavía habrían de mejorar en los años siguientes hasta la situación actual que, tal vez, exige un nuevo replanteamiento de este delicado capítulo. Un nuevo hacer, una nueva colaboración, que se materializa en la residencia de ancianos que pone en marcha con grande esfuerzo el pueblo de Villanueva con su párroco don Félix Gil Rodríguez al frente representa una nueva respuesta comunitaria a una necesidad social al que la población hace frente. --------------- |