Memoria de una fiesta olvidada. 28 de agosto: San Agustín en el Concejo del Burgo Imprimir
Ya no se celebra la fiesta de san Agustín en el Concejo del Burgo. Con toda probabilidad, con la desaparición del real monasterio de Santa María en 1819, cae en desuso y termina por olvidarse la tradición de su conmemoración que, sin embargo, puede remontarse con cierta verdad hasta mediados del siglo XII, o poco más tarde. 

Con la llegada de los clérigos regulares de san Agustín a Burgohondo a finales del siglo XI o principios del XII, o con la adscripción de los miembros de un antiguo eremitorio mozárabe a la regla del obispo de Hipona, cuyos pormenores no hemos sido capaces todavía de desentrañar, se inauguraría también la celebración de diferentes festividades en su honor de las que apenas queda el rastro de los viejos documentos que, por una cierta suerte, van cayendo en nuestras manos. 

En el siglo XVI, la celebración de la fiesta de san Agustín se hace obligatoria para todos los lugares y parroquias dependientes de la abadía, fundadas la mayoría a finales del siglo XV. Así lo recoge el capítulo XXI del primer título de los Estatutos que aprueba el abad Juan Dávila y Arias en 1549: “De la solemnidad que los vicarios perpettuos son obligados a hacer a señor sancto Augustino en su fiestta”. El texto reza así: “Ottrosí esttattuimos y ordenamos que los vicarios perpettuos celebren y solemnicen la fiestta del señor sanctto augusttino en su fiestta, y en esta yglesia e monasterio, como adelante se dirá en el ttítulo cuarto en el capíttulo X, el qual capíttulo sean obligados a saber y le cumplan como en él se conttiene sub praeceptto y so pena de ttres reales para la fábrica de esta yglesia e monasterio”.

El capítulo X del título cuarto, al que remite, se titula: “De la solemnidad que se ha de hacer en la fiestta de señor san Agustín”. Y se explica de esta manera:  “Otrosí estatuimos y ordenamos para siempre jamás que la fiesta de señor santo Augustino, que cae a veinte y ocho días del mes de agosto, anssí en esta yglesia e monasterio del Burgo como en todas las yglesias de la abadía, la celebren y hagan de solemnioribus, ansí las primeras vísperas, como las segundas y todo el oficio, y que el octabario sea solemne, y la octaba duplex, contanto que en el octabario se rece a las fiestas ocurrentes, y no de otras, haciendo commemoración del dicho ochabario. E si en la octaba ocurriere dominica forzosa, se anteponga la octaba. Ottrosí, que en todos los días que hubiere sufragia, se haga especial commemoración de señor san Augustino, luego immediate después de la commemoración de señor Santiago, e a todo lo sobredicho, sean obligados todos los del hábito e obediencia de esta yglesia e monasterio e abadía sub praecepto y so pena de un ducado aplicado para la fábrica e monasterio de esta yglesia”. 

No debe resultar extraño que en una abadía regentada por una comunidad canónica de clérigos de san Agustín, se venere, con especial intensidad, la figura del santo patriarca de occidente, que con tanto acierto supo combinar la vida común de los sacerdotes de la diócesis de Hipona con la evangelización de aquellas lejanas tierras del norte de África. 

Bajo su protección se puso toda la jurisdicción de la abadía, que comprendía las parroquias de los nueve lugares del Concejo: Navarredondilla, Navatalgordo, Navaquesera, Navalacruz, Navalosa, Hoyocasero, Navarrevisca, Navaluenga y el propio Burgohondo, además de otros muchos, hoy desaparecidos, entre los que se encontraban Navalvao, Los Santos, San Millán, La Aldehuela o La Acevedilla.

Su imagen. Desaparecida los primeros días de la guerra civil española, estaba ubicada en un lugar preeminente entre las tallas del monasterio, lo que prueba, una vez más, su relevancia. Todavía la encontramos en el inventario que redacta en julio de 1928 el entonces párroco, don Demetrio Sáez Rodríguez. Dice así:  “El altar mayor es de madera dorada, con molduras también doradas. Parece ser de estilo jónico, combinado con el corintio y debe de ser de bastante mérito artístico. Su valor podrá ser de unas diez mil pesetas... En la parte superior, está la imagen de san Agustín, de talla. Mide algo más de un metro. Podrá valer unas cuatrocientas pesetas”.

Hoy su lugar lo ocupa el Sagrado Corazón de Jesús, encima de la titular de la abadía, santa María de Asunción, durante muchos siglos santa María la Real. Probablemente no se pueda hablar de “bastante mérito artístico” al referirse al retablo, teniendo en cuenta, sobre todo, que rompe con la estructura románica del conjunto y que evita que contemplemos unas magníficas pinturas murales del siglo XIII, únicas en toda la provincia de Ávila. Pero no deja de tener importancia la presencia en él de la imagen de san Agustín, hoy desaparecida, un santo en torno al cual se celebraron unas de las fiestas más importantes de todo el valle, significativamente olvidadas por completo, hasta hoy. ¿Cuáles fueron las circunstancias que llevaron a esta tan llamativa desaparición? La historia aquí se resiste todavía. 

Queden estas anotaciones como testigo casi mudo de un mundo en descomposición. Como otras que ya trajimos, las fuimos rescatando en el fondo de diferentes archivos, en ocasiones por erudición y las más por la suerte de una tozuda perseverancia.

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