En esta categoría se van a ir subiendo los diversos trabajos que hemos publicado en otro lugar sobre los Clérigos regulares de san Agustín, especialmente los artículos aparecidos a lo largo del 2008 y 2009 en la revista Religión y Cultura. Los clérigos regulares de san Agustín vivieron en Santa María desde finales del siglo XI hasta los primeros años del siglo XIX.
[Introducción al primer artículo] La historia de los clérigos regulares de san Agustín está casi toda ella por hacer. Con motivo de la Gran Unión de 1256, su camino se bifurca de la evolución general de la Orden, lo que, unido a la amplia autonomía de que gozan las canónicas agustinianas en la baja Edad Media, provoca que su estudio haya ocupado un lugar ciertamente secundario en las publicaciones historiográficas contemporáneas. Este artículo, el primero de una serie que pretendemos dedicar al tema, rastrea en la obra del obispo de Hipona las constantes que, materializadas luego en las reglas del Africano, conformarán la espiritualidad de los canónigos regulares, intuiciones necesariamente comunes a las que dan origen a los ermitaños y los demás miembros de la familia agustiniana cuya particular evolución ha encontrado mejores tratadistas. El marco general de estudio debe radicarse en la reforma gregoriana, que se focaliza en el pontificado del papa Gregorio VII a finales del siglo XI (1073- 1085), como lugar para la definitiva puesta en valor de esta forma de vida. Pero la doctrina sobre los clérigos regulares se encuentra contenida ya en san Agustín (354- 430), inspirador primero y autoridad que garantiza la viabilidad eclesial de esta experiencia apostólica.
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 7. CONCLUSIÓN
[Nota: Esta es la última entrega, de momento, sobre el tema. Está en prensa el segundo artículo: “Los clérigos regulares de san Agustín. Un intento de conceptualización”, que saldrá a la luz, D.m., en Religión y Cultura 248.]
En definitiva, la complejidad de la vida de san Agustín se traduce también en la evolución que experimenta su particular concepción del monacato. El desarrollo vital del luego obispo de Hipona le lleva a renovar, a la luz de sus descubrimientos personales, la propuesta que elabora para la comunidad de fieles compañeros, algunos de los cuales le han seguido desde sus primeras experiencias de “ocio filosófico” en las afueras de la ciudad de Milán.
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Leer más... [El origen de los clérigos regulares de san Agustín (último)]
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6. Las reglas de san Agustín, un proyecto para una nueva forma de vida
[Nota: Hemos retirado las notas a pie de página para evitar el tedio de las citas latinas y la complicación que supone esta metodología en la red. Pueden consultarse en el artículo de referencia en Religión y Cultura 247]
De acuerdo a lo que venimos exponiendo, en san Agustín parece coincidir la aceptación del cristianismo católico con su decisión de llevar una vida monástica. Tras su conversión en Milán en el otoño del 386, hasta su bautismo en la pascua del año siguiente, se va a retirar a la finca de Casiciaco que posee su amigo Verecundo al pie de los Alpes, donde le acompañan su madre Mónica, su hermano Navigio, su hijo Adeodato, sus primos Lastiano y Rústico, su amigo Alipio y otros dos jóvenes llamados Licencio y Trigecio. Todavía no estamos ante una vida monástica en sentido estricto, y más bien se trata de un oticum intelectual, como lo demuestran sus obras de estilo platónico-ciceroniano, pero los diálogos filosóficos tuvieron como objeto la cognoscibilidad de la verdad, la felicidad, el bien, Dios y el hombre, en un cierto acercamiento al estudio y a la realización de la vida sobrenatural. |
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Leer más... [El origen de los clérigos regulares de san Agustín (V de VI)]
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5. El proyecto monástico del obispo de Hipona
San Agustín (354-430) no resulta absolutamente novedoso en la propuesta de vida común del clero que elabora para su diócesis de Hipona. En Occidente, se cuentan como antecedentes las experiencias de san Ambrosio (340-397) en su monasterio de Milán, de san Eusebio de Vercelli (†371) y de san Martín de Tours (316-397), que desempeña con notable eficiencia su condición episcopal sin abandonar el género de vida y virtud de monje. Oriente se había beneficiado del magisterio de los obispos santos Basilio (329-379), Gregorio de Nisa (ca. 331- ca. 394) y Juan Crisóstomo (ca. 344-407). Pueden consultarse estos extremos en cualquier manual de patrología al uso.
El propio Ambrosio de Milán, uno de los que más influye en la conversión de san Agustín, se refiere al ministerio de san Eusebio de Vercelli al tiempo que nos informa sobre la unión de vida y la colaboración apostólica que se da entre el obispo y el monasterio de la ciudad: |
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Leer más... [El origen de los clérigos de san Agustín (IV)]
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4. En tierras africanas
Tras su llegada a Cartago, en otoño del año 388, camino de Tagaste, Agustín y Alipio se hospedan en casa del cristiano Inocencio, con quien conversan durante horas sobre la reforma de la Iglesia. Les acompaña durante esos días Aurelio, quien fuera luego arzobispo de la propia sede de Cartago y con quien intercambian algunas impresiones sobre los vicios que se observan entre los cristianos, y muy particularmente entre el clero. La “utilidad de la Iglesia”, a cuya causa quería Agustín dedicar su pequeña milicia, tenía por delante una gran empresa.
Junto al enemigo maniqueo, se unen ahora las tesis del donatismo en su variante más nacionalista, que complica la situación de la Iglesia marcada, entre otras cosas, por la falta de vocaciones sacerdotales y la desorientación de los fieles católicos. El cisma donatista tiene su origen en la última gran persecución, la que arremete contra los cristianos de mano del emperador Diocleciano, hacia el año 303. |
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Leer más... [El origen de los clérigos de san Agustín (III)]
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3. La visita a los monasterios de Roma y Milán
El camino de conversión personal de Agustín encuentra un motor decisivo en agosto del año 386, en la conversación sobre el monacato católico y la vida de san Antonio que mantiene con su amigo Ponticiano, que ha venido a visitarle. El obispo de Hipona narrará años más tarde en el libro de las Confesiones su experiencia interior de lucha, de búsqueda de la verdad, de conversión en la contemplación de Dios:
“Lo que me contaba Ponticiano me ponía a Dios de nuevo frente a mí, y me colocaba a mí mismo enérgicamente ante mis ojos para que advirtiese mi propia maldad, y la odiase. Yo ya la conocía, pero hasta entonces quería disimularla, la ocultaba y me olvidaba de su fealdad… podía más en mí lo malo, que ya se había hecho costumbre, que lo bueno, a lo que no estaba acostumbrado.” |
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Leer más... [El origen de los clérigos de san Agustín (II)]
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