Lope de Vega y el Marqués de las Navas Imprimir
Álvaro Mateos López, buen amigo y todavía mejor periodista escribe hoy sobre Lope de Vega (1562- 1635) en El Diario de Ávila. Lo traigo a esta página por lo interesante que resulta, sobre todo,su vinculación con Ávila. Él lleva el agua a su molino y lo relaciona, como no podía ser de otra manera, con don Pedro Dávila, marqués de las Navas.

Yo lo quiero relacionar hoy con don Juan Dávila, abad de Burgohondo, su tío, que renunció al señorío en favor de su hermano segundo, por ser don Juan clérigo en esta abadía. Debemos recordar que, al igual que en Navaluenga, en Burgohondo se han cantado los romances de Lope de Vega desde el mismo siglo XVIII y hasta no hace demasiados años. Esta pista puede ayudar a entender de dónde vienen las tradiciones. Las relaciones personales terminan fraguando en historias que no terminamos de comprender. Valga el comentario sobre la película "Lope" para ilustrar un poco más la vida de este complejo personaje de nuestro Siglo de Oro.

Tras comprobar cómo con una gran campaña de marketing, una nueva película pretendía ensalzar la figura del Fénix de los Ingenios, acudí rápido al cine para no dejarme invadir de tanta loa y elogio a un film que, sinceramente, me defraudó. «Lope» es el título de una cinta que pretende recoger los duros inicios del genial dramaturgo que, tras enrolarse en el ejército, vuelve a Madrid para comenzar a ganarse la vida con sus versos y comedias.

Excesivamente injusto y simple me parece el trato que se da al marqués de Las Navas, Pedro Dávila y Enríquez, a quien Lope de Vega sirvió como secretario, gentilhombre y exégeta. La interpretación que del mismo realiza el actor brasileño Selton Mello, con acento indescriptible, merece poco comentario. El mencionado marqués, nieto de Pedro Dávila y Zúñiga, e hijo de Pedro Dávila y Córdoba, se casó con Juana Manrique, heredando posteriormente el marquesado su hija, Jerónima Dávila y Manrique.

Para empezar, Lope sirve al marqués tras haber estudiado en la escuela del poeta Vicente Espinel, en el Colegio Imperial de la Compañía de Jesús, en la Universidad de Alcalá de Henares y en el estudio de Matemáticas y Astrología de Juan Bautista Labaña. Su falta de constancia y devaneos amorosos hacen que sus protectores dejen de sufragarle los estudios, con lo que Lope no consigue el grado de bachiller y debe ganarse la vida como secretario de aristócratas, todos ellos mecenas de artistas, entre los que destacan el marqués de Las Navas, el marqués de Malpica, el duque de Alba, el duque de Sessa y el marqués de Sarria

Asimismo, consta una buena relación entre Lope y el que más tarde sería obispo de Ávila, Jerónimo Manrique de Lara, entonces prelado de Cartagena y protector del joven poeta, quien le dedica dos églogas y una comedia, «La pastoral de Jacinto». Además, en cuanto a la temática abulense, Lope escribió por encargo la famosa «Comedia de San Segundo», en pleno apogeo de la leyenda del Varón Apostólico.

Sin embargo, por hacer mayor hincapié en la relación entre Lope y Pedro Dávila, al que sirvió durante cuatro años hasta 1587, hay que citar la comedia ‘El Marqués de Las Navas’. Parece ser que uno de los Dávila, dado a la vida ruidosa y disipada, mató en una pelea a un hombre, cuyo espíritu se aparecía en sueños al autor del crimen. Esta misma leyenda negra se repite en sus antecesores, ya que en el retrato pintado por Antonio Moro al primer marqués, Pedro Dávila y Zúñiga - que permanece en el Hospital Tavera de Toledo- vemos en un segundo plano cómo el noble despacha con un cadáver. Éste es precisamente el argumento de la comedia en tres actos que durante mucho tiempo fue atribuida por error a Mira de Amescua.
En la revista Caminar Conociendo, de Las Navas del Marqués, se recogió una reseña que González Porto-Bompiani escribió en su ‘Diccionario Literario’, de obras y personajes de todos los tiempos y de todos los países. En la misma, leemos que en la comedia dedicada por Lope a Dávila, se escenifica un suceso que ocurrió al marqués y que seis años antes de la obra de Lope aparece ya en la «Relación segunda de la vida del escudero Marcos de Obregón». El suceso consiste en que al marqués se le aparece un difunto a quien el mismo mató, «que volvió para arreglar un negocio muy importante para su alma: le pide que haga en su nombre una restitución y que dote a una hija suya».

Ya hemos citado al poeta y músico Vicente Espinel, quien afirma que oyó contar este suceso al mismo marqués y a su hermano, «y que desde entonces aquel tiene el rostro quebrantado y ha perdido el color». La comedia de Lope se funda en este episodio, tomando como fuente a Espinel. Éste había escrito: «Hubo en esto dares y tomares entre el marqués y la sombra, según dijeron los testigos y confiesa el marqués que, siendo tan hermoso de rostro, blanco y rojo como sus hermanos, desde esta noche quedó como está agora, sin ningún color, y quebrantado el mismo rostro. Dice que le vino a hablar otras veces, y que antes que viniese le daba un frío y temblor que no podía sostenerse. Al fin cumplió lo que le pidió y nunca más se le apareció».

De esta forma, la comedia de Lope describe cómo el toledano Leonardo abandona a la dama a quien había dado palabra de casamiento y va a Madrid a casarse con otra, «pero es muerto en una pendencia nocturna por el marqués de Las Navas. Después, el difunto Leonardo se aparece al marqués y le pide que remedie a la dama abandonada».

Según González Porto-Bompiani, Lope vertió en esta obra recuerdos de su juventud, una comedia llena de escenas de juegos, que la convierten en un delicioso cuadro de costumbres de su tiempo. Incluso, podríamos decir que es uno de los primeros alegatos en defensa de la Fiesta de los Toros de los que tenemos constancia en la Literatura Española. Ya en el tercer acto, encaja el mundo de lo sobrenatural en la comedia. A Menéndez Pelayo, a pesar de reconocer la excelencia de su estilo, no le gustó la obra.

La escena central de la obra se desarrolla en el convento de San Martín de Madrid, donde se hallaba retraído el marqués por aquella muerte. Entonces, aparece Leonardo, con el rostro difunto:

«De aquel lugar que tengo
hasta que llegue de mi bien el día,
en espíritu vengo
con voluntad de Dios, no con la mía»

Tal vez basten estas letras para rescatar de la memoria perdida de la historia a un marqués mecenas de Lope de Vega, el Fénix de los Ingenios. A veces, los breves retratos en filmes llenos de marketing, nos dejan tan sólo con un cliché, pero tratándose de un personaje de tanta envergadura para Ávila, no podía pasar desapercibido.  
 
Comentarios (2)
ayuda
2 Jueves, 29 de Septiembre de 2011 19:08
margarita bello de avila
yo soy descendiente de diego de avila natural de pravia asturias que su hermano dicen que fue
cronista e historiador de las indias durante el reinado de felipe el III ynos a sido muy dificil
poder encontrar alguna fuente de datos relacionados con ellos y eso que fueron conquistadores
fundadores de pueblos e iglesias tambien otra hermano fue gil gonzalez cavila ccontador en 1511 de santo domingo . alguna persona me podia ayudar?
El Marqués de Las Navas
1 Martes, 23 de Agosto de 2011 09:32
alberto Colorado Sanz
Me parecen muy acertados los comentarios. Yo creo que más que comedia de enredo y costumbres, que también lo es, es una comedia de capa y espada, con caballeros nobísimos y plebeyos buenísimos y dignos de ajusticiar. Hace unos años estudie la obra e hice una adaptación para colegio en versión de taller de teatro, por eso la conozco bien. Es una obrita con mala suerte, pues no alcanza representación y se lo mereceria

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yvComment v.1.18.4