| Leyendas burgondeñas: la mora de Puente Arco |
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A coger el trébole el trébole el tréboleA coger el trébole
la noche de san Juan Recojo hoy esta versión de la leyenda de la mora de Puente Arco que publicamos hace cinco años en el libro “Alberche Mágico”. Ciertamente corresponde que se hubiera esperado hasta junio, por la fiesta de san Juan, para haberla subido a estas páginas digitales, pero la causa en defensa de Puente Arco, en Burgohondo, exige que acumulemos todos los argumentos posibles para que la Administración constate la importancia de un paraje como éste en el imaginario colectivo de nuestra comunidad humana. Espero que os guste.
En la lógica de las leyendas nos sumergimos ahora en la comprensión de la narración que contempla el misterio que rodea la fiesta de san Juan en Burgohondo. En el solsticio de verano, cuando el sol llega a su cenit y el calor anuncia el cambio de estación, la noche de san Juan, el Bautista, rememora el hecho legendario que relatamos a continuación, antigua leyenda, transmitida de padres a hijos a la sombra del fuego del hogar en las frías y oscuras noches del invierno del Valle del Alberche.
Cuenta esta historia, perdida en la oscuridad de los siglos que nos precedieron, que una bella doncella, hija del señor de estas tierras, había caído en amores prohibidos con un apuesto zagal. Dominaba en España la morería cuando esto ocurrió. La hermosa joven, desoyendo el parecer de su padre, quien severamente le había advertido sobre la improcedencia de sus irreflexivos romances, hubo de ingeniar ciertos medios para poder encontrarse con su amado mancebo sin el peligro de ser descubiertos por la guardia de palacio.
El joven, cuyo nombre tampoco ha querido legarnos el relato que contamos, ganaba su pan pastoreando unas cuantas cabras por las serranías cercanas al Alberche, junto a las que componía bellas canciones de hermosas melodías que dejaba caer con su flauta a la sombra de los centenarios robles. Cada día, según se dice, atravesaba el bravo torrente saltando sobre las peñas, cuando no nadando impetuoso, para buscar los brazos de su amada, quien esperaba ansiosa este momento al otro lado de las aguas del cristalino río.
Fue pasando el tiempo y cada día la hermosa joven escapaba sigilosa de palacio para evitar ser vista, burlando en ello la voluntad de su padre, quien ya la había prometido en matrimonio con el hijo de un pariente suyo del otro lado de la sierra, tal vez de los barrancos que hoy ocupan las Cinco Villas. La historia cuenta que, en cierta ocasión, al llegar la dama junto al río, donde esperaba encontrarse con su amado, fue descubierta por uno de los esbirros del señor, quien trató inútilmente de forzarla a volver.
La joven doncella, asustada y temblorosa, no dudó en adentrarse entre las aguas del río, que le pareció tranquilo, mermado ahora bajo el calor estival. Sin embargo, quiso el destino que viniera a sumergirse donde el caudal se volvía más hostil, hasta el punto de que no fue capaz de alcanzar la otra orilla, arrastrada hacia el fondo por un brusco remolino.
Su joven amor, al punto, corrió tras ella por salvarle la vida, pero también sus fuerzas se vieron incapaces de soportar el empuje del torrente, encontrando el final de su vida en el fondo de un profundo barranco. A los pocos días, su inerte cuerpo fue hallado junto a la misma orilla donde su amada le esperaba cada día contemplando su rostro reflejado en el río.
No hubo forma de recuperar el cuerpo de la doncella. De ella sólo nos ha quedado esta leyenda que habla de su belleza y de cuantos, algunas veces, la contemplan a la orilla del Alberche, bajo el Puente del Arco que se construyó en su memoria, peinando su oscuro cabello mientras espera a su amado. Antiguas consejas hablan de hombres arrastrados, la noche de san Juan, hasta el fondo del mismo lecho bajo el puente que recuerda el lugar, enamorados por las suaves palabras de la bella doncella.
Este día, los viajeros, todavía hoy, al volver a Burgohondo con sus caballerías cargadas del trabajo de la jornada, ya anochecida, desde los barrios de arriba, de Bajondillo, Las Navazuelas, Sacorroto o Fuente Buena, pasan deprisa el puente, temerosos de ser convocados al fondo del torrente por la cautivada mora que espera a su amado junto al río, bajo el Puente del Arco.
De ello nos habla la leyenda, como también otras muchas que las serranas crestas del Alberche protegen vigilantes. Nadie, todavía hoy, ha podido contar la verdadera historia de esta bella morita. Ninguno de los impetuosos jóvenes a cuyo reclamo acudieron y cuyos cuerpos, inertes, aparecen año tras año a la orilla del inconsciente río que les robó el aliento.
Variantes de este mismo suceso han sido recogidas, años atrás, por estudiosos del tema de la etnología castellana. Los diversos autores afirman en sus resultados, que tal vez estemos aquí ante una visión paralela a la conocida leyenda de la doncella del puente de Arta, de gran difusión en los países eslavos y centroeuropeos. En ella se afirma que una doncella, nuestra morita de Puente Arco, fue sacrificada y enterrada bajo los ojos de un puente. Dicha doncella, como variante a lo dicho, reaparecería cada año al amanecer san Juan, tal vez ahora sin la carga emocional de la muerte en el río.
De las exploraciones que los autores citados abajo realizaron a la zona de estudio -copiamos literalmente- se pudo concluir que el patrimonio leyendístico de área es extraordinariamente rico, acaso por las condiciones orográficas de aislamiento sociocultural de algunos enclaves del valle. La literatura tradicional del valle del Alto Alberche, tanto la narrativa como la poética, tiene entre sus características una riqueza y variedad extraordinarias, y una arraigada vitalidad y funcionalidad sociocultural de que ha disfrutado hasta épocas muy frecuentes. Las condiciones de vida de este valle han hecho de esta comunidad una de las que mejor han conservado su patrimonio cultural tradicional y sus señas de identidad distintivas dentro de todo el ámbito castellano- leonés.
No es ésta la única leyenda que gira en torno a la mora en este crecido valle del Alberche. Navatalgordo y Navaluenga recuerdan, indeleble, la memoria de un lenguaje similar. En los dos pueblos, las Peñas de la Mora, de impresionantes poses, rememoran la presencia de una bella doncella, hija de moros, que vivió escondida hace siglos al verse obligada a marcharse tras la conquista cristiana. Al no querer dejar estas montañas, la bella mora burló la guardia cristiana y permaneció allí para siempre sin que se pudiera saber de ella; sin conocer ya nunca si murió o no. Lo cierto es que las viejas consejas, todavía hoy, cuentan que han sido muchos los que han podido ver esta mora, en algunas ocasiones, sobre todo en los calurosos días de la fiesta de san Juan. --------------- [De acuerdo a la naturaleza de esta página web y a la filosofía de su autor, los materiales de todos los artículos propios (aquí se excluyen los que citamos de otros autores y de otras páginas) se pueden reproducir con libertad, parcial o totalmente, siempre que cumplan tres condiciones fundamentales: 1. Que guarden los fines para los que fueron escritos. 2. Que no se haga uso comercial de ellos. 3. Que se cite su procedencia, en este caso: www.santamariadelburgo.com. Para saber más: Pedrosa Bartolomé, J.M.- Peso Taranco, C. (del): “Atlas de mitos y leyendas del Valle del Alberche (Ávila)”, en AA.VV.: Estudios de etnología en Castilla y León (1992- 1999), Valladolid 2001, pp. 297- 303.] |