| Las pinturas de la ermita de los Judíos (VII) |
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El beso de la traiciónTodavía estaba hablando cuando llegó al lugar una turba numerosa, con espadas y bastones, que habían mandado los sumos sacerdotes y los ancianos. Los lidera uno de los discípulos.
Judas se dirige al Señor: Ave (R)abbi, es decir, salve Maestro, también de acuerdo al evangelio de san Mateo (Mt 26, 49). De la misma manera, Marcos (Mc 14, 43-46), Lucas (Lc 22, 47- 53) y Juan (Jn 18, 1-12) recogen el hecho, muchas veces representado en el arte, desde la antigüedad. El artista de la Vera Cruz ha recogido el momento del beso de Judas, quien con su mano izquierda sujeta la bolsa de las treinta monedas que ha recibido en pago de la alevosía. Cristo domina la situación y le da instrucciones al traidor para que realice su propósito: Amigo, ¡a lo que has venido! (Mt 26, 50). El autor de estas pinturas ha vestido a los personajes según el gusto del Renacimiento, que se muestra en la coraza del criado del sumo sacerdote, entre otros. Sólo Judas, san Pedro y el Señor mantienen como vestido las túnicas del siglo I. En la abadía de Santa María, desde el siglo XIII, se conserva un fresco similar con esta escena. Pedro saca su espada y le corta la oreja a Malco (Mt 26, 51-56; Mc 14, 47; Lc 22, 49- 51). Aunque sólo el evangelista san Juan recoge el nombre de los dos (Jn 18, 10-11).
La traición está en marcha. Judas va a representar su papel. No sólo ha abandonado el camino del seguimiento, sino que se ha convertido en el que lo entregó. No ha sido capaz de reconocer en Jesús al Señor, y por eso lo saluda con un título que revela su incomprensión: Ave Rabbi, Maestro. El mensaje es claro. El hombre ha traicionado a su Dios. Nosotros hemos ayudado con nuestros pecados. Sólo cabe el arrepentimiento y la piedad ante la cruz.
El proceso judío: Jesús ante CaifásEsta escena que se sitúa a la izquierda, al entrar por la puerta de los pies, la única que hoy permanece abierta, al Mediodía. Solamente se conserva una cartela, procedente del evangelio según san Mateo, donde encuentra su inspiración iconográfica: Fi(li)us Dei, parte de la pregunta que Caifás le dirige al Señor: adiuro te per Deum vivum ut dicas nobis si tu es Christus Filius Dei. Es decir: te conjuro por el Dios vivo que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios. Tú lo has dicho, le contesta el Señor, que sirve para su condena: es reo de muerte (Mt 26, 57-66). El texto encuentra otras variantes en los evangelistas Marcos (14, 53-65), Lucas (22, 54-71) y Juan (18, 13-24), siempre en el contexto de la pasión del Señor.
La escena se desarrolla por la noche, en la casa de Caifás, contemplada por un buen grupo de espectadores, a un lado, algunos de los cuales portan espadas, escudos y palos, según el relato evangélico, aunque ataviados de acuerdo a los gustos modernos, con medias calzas, jubón largo, cinturón y casco en la cabeza. El suelo delata un cambio de contexto respecto a la anterior, pero también respecto a la imagen siguiente, según veremos. También el relato lo muestra con la expresión: lo llevaron a Caifás. Por desgracia, se ha perdido una buena parte del mural, por lo que desaparecen con él otros posibles detalles.
Se trata de la representación de parte del proceso judío, aquella en la que es presentado ante los jefes de los sacerdotes, los maestros de la Ley y el Consejo de ancianos. Sólo los maestros de la Ley permanecen en un lugar secundario, cuando ocupan el centro de la acusación tanto los sacerdotes como los ancianos. Se van desgranando los títulos de Jesús, aquellos que la comunidad confiesa con mayor claridad: siervo, Mesías, Hijo del hombre, Hijo de Dios. Jesús manifiesta su verdadera identidad precisamente cuando es condenado: ¿Eres tú el Hijo de Dios? Tú lo has dicho, pero a partir de ahora veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del Poder venir sobre las nubes del cielo (Mt 26, 63- 64). El cristiano observa la escena, acompaña a Cristo en su pasión, penetrando en el dramatismo de una escena que se torna violenta por el color del suelo, unas losas que parecieran recordar la sangre del Maestro, derramada por la salvación de su pueblo. --------------- [De acuerdo a la naturaleza de esta página web y a la filosofía de su autor, los materiales de todos los artículos propios (aquí se excluyen los que citamos de otros autores y de otras páginas) se pueden reproducir con libertad, parcial o totalmente, siempre que cumplan tres condiciones fundamentales: 1. Que guarden los fines para los que fueron escritos. 2. Que no se haga uso comercial de ellos. 3. Que se cite su procedencia, en este caso, la cita exacta es como sigue: CALVO GÓMEZ, J. A. "Las pinturas murales de la ermita de la Vera Cruz o de los Judíos, de Burgohondo (1577)". Cuadernos Abulenses 37 (2008), 165-201. www.santamariadelburgo.com] |