| Las pinturas de la ermita de los Judíos (IX) |
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La flagelaciónEl evangelista Mateo no se recrea en esta escena (Mt 27, 27- 30), que tiene como protagonistas a dos sayones, vestidos al gusto de la época moderna, que golpean con furia a un Cristo atado a una columna. Precisamente es la escena que el fiel se encuentra de frente al entrar en la ermita, aquella en la que Cristo le contempla y le exhorta a la piedad. Todavía se conserva la columna alta.
El manierismo ha ido calando en el arte, pero no se insiste en las formas más curvas que nos dejarán los maestros del barroco, especialmente en escultura, Gregorio Fernández, entre otros. Apenas hay sangre, aunque no por ello se renuncia a un cierto dramatismo. Al contemplar estos gestos brutales, el fiel entra más de lleno en el misterio de la incomprensión y el rechazo de Jesucristo. Precisamente ahora, en el momento de la más profunda humillación, se manifiesta con más claridad el misterio de Jesús, que ha venido a derramar su sangre por todos (Mt 26, 28). El escenario recuerda la imagen del crucificado. Allí, en la suprema entrega y despojo, un centurión clama: verdaderamente éste era el Hijo de Dios (Mt 27, 54).
Camino del Calvario
![]() Cuando se hubieron mofado de él, le volvieron a vestir y le llevaron a crucificar. Continúan los golpes a un Cristo, exhausto obligado a llevar su propia cruz, mientras atrás queda la ciudad de Jerusalén. Salen nolite flere. Sólo una mano amiga, la de un cierto Simón de Cirene, alivia la prueba del Hijo de Dios. Simón parece mirar al espectador, mientras Cristo cae por tierra, una y otra vez.
La inspiración iconográfica vuelve a ser el evangelio de san Mateo (Mt 27, 31- 32); pero lo recogen los otros tres (Mc 15, 20- 21; Lc 23, 26- 32 y Jn 19, 16b-17a). Una vez más, la indicación: lo llevaron, del último versículo del pasaje anterior (Mt 27, 31) anuncia el comienzo de un nuevo cuadro en el relato de la pasión. El escenario de los acontecimientos se traslada ahora desde el Pretorio hasta el Gólgota (Mt 27, 33), una cantera abandonada, situada en las afueras de la ciudad, muy cerca de la Puerta del Agua, donde solían ajusticiar a los condenados a muerte.
Muerte de JudasEl relato de Mateo (Mt 27, 3- 10) sitúa esta escena al tiempo que Cristo está en la casa de Pilato. Sin embargo, la versión lucana del acontecimiento, recogida en el libro de los Hechos de los Apóstoles (Hch 1, 18-19), difiere un tanto de ésta. Ambas visiones parecen proceder de una antigua tradición que vincula la muerte del traidor, por ahorcamiento o por descalabro, con un lugar cercano a Jerusalén. Mateo ha colocado este cambio de actitud de Judas entre la decisión de matar a Jesús y el proceso romano, con lo que manifiesta gráficamente la iniquidad del proceso y la inocencia del reo, cuya muerte se inserta en la suerte de los justos muertos a manos de su pueblo (Mt 23, 35). Al evangelista no le interesa el rigor histórico, cuanto el significado y el valor representativo del arrepentimiento y la desesperación; además de la constatación de que todo esto sucedió para que se cumpliesen las escrituras, de acuerdo al plan previsto por Dios antes de la creación del mundo. En nuestro itinerario gráfico, observamos que el artista ha querido romper el orden del relato evangélico. Parece que busca que el altar quede flanqueado por la muerte y por esta escena, viva, intensa. La cartela lo indica: (--)cado, Ivdas se ahorcó. Los demonios lo atormentan, casi lo devoran, en una prueba visual de las consecuencias del pecado. Cristiano –parece sugerir la imagen– tú que contemplas esta escena, acuérdate de agradar a Dios, renuncia a la traición, a la iniquidad de tu vida, para que en el momento de tu muerte venga para llevarte a la salvación, por la sangre de su Hijo, por la Santa Vera Cruz. --------------- [De acuerdo a la naturaleza de esta página web y a la filosofía de su autor, los materiales de todos los artículos propios (aquí se excluyen los que citamos de otros autores y de otras páginas) se pueden reproducir con libertad, parcial o totalmente, siempre que cumplan tres condiciones fundamentales: 1. Que guarden los fines para los que fueron escritos. 2. Que no se haga uso comercial de ellos. 3. Que se cite su procedencia, en este caso, la cita exacta es como sigue: CALVO GÓMEZ, J. A. "Las pinturas murales de la ermita de la Vera Cruz o de los Judíos, de Burgohondo (1577)". Cuadernos Abulenses 37 (2008), 165-201. www.santamariadelburgo.com] |