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Las pinturas de la ermita de los Judíos (III) PDF Imprimir E-mail
LA NUEVA ERMITA DE LA VERA CRUZ
  
Probablemente, a finales del siglo XV, o principios del XVI, según las explicaciones cronológicas de otros espacios de culto judío, la sinagoga de Burgohondo, en manos de la abadía de Santa María, pasaría a convertirse en ermita de la Vera Cruz, si bien conservó este epíteto, “de los Judíos”, hasta el día de hoy.

Los bienes que los hebreos no pudieron malvender a toda prisa tras el edicto o llevarse consigo a sus patrias de acogida, se repartieron entre los cristianos que vieron cómo muchas de sus deudas quedaban saldadas por merced del rey y cómo sus posesiones se agrandaban mientras que muchos judíos, marcados por el dolor de la partida, llevaban consigo las llaves de sus casas en un gesto simbólico de apropiación que llega hasta nuestros días entre los sefardíes del Líbano o de Turquía.
 
Lo cierto es que la presencia de la ermita de la Santa Vera Cruz se ajusta en buena medida con lo que cabría esperar de una vieja sinagoga reconvertida. Cuando en 1492 pasan a manos eclesiásticas, muchas de las sinagogas castellanas adquieren este mismo nombre. A partir de este momento, la cofradía de la Vera Cruz, que se encarga de acompañar a los familiares y de pedir por el alma del cofrade difunto, empieza a celebrar en ella los cabildos de la hermandad, hasta que en 1928 el ayuntamiento decidiera inventariar como propio este inmueble en atención a que se guardaba en él el carro de los muertos que hoy se custodia bajo un tejadillo en el nuevo cementerio.
 
En 1756, el visitador del obispo de Ávila llega a Burgohondo y redacta un informe de la visita de ciertos lugares. Entre ellos, escribe sobre las cuentas de la cofradía de la Vera Cruz y en relación con la ermita homónima, en la que pide hacer algunas reformas.
 
No son muy elocuentes los textos que se conservan sobre esta sencilla construcción. Interesa destacar la ubicación, todavía en esta fecha, de la cofradía de la Vera Cruz; el blanqueo que pide hacer en sus muros, que pudo haber ocultado estas pinturas que ahora reaparecen; y el cuadro del Cristo crucificado que manda poner en el altar del templo, tal vez por ser el lugar más noble y por el deterioro en el que se encontraba ya el mural de este espacio.
 
Aquel primitivo mural no ha llegado a nuestro siglo, como tampoco el posible cuadro resultante de esta visita. Sólo quedan lo que parecen ser cuatro hornacinas, ocupadas por ángeles, o por la imagen de la Virgen y san Juan, más probable. No podemos descartar que en algún momento de su muchas veces centenaria historia se ubicara en este espacio la escultura de un Cristo crucificado que pudiera salir en procesión por las calles del pueblo en la fiesta de la Cruz, el 3 de mayo, primero, y luego el 14 de septiembre, y el viernes de la semana santa. Dice así el texto del visitador:
 
“Cofradía de la S(an)ta Vera Cruz. Hallé tomadas las q(uen)tas hasta tres de maio del a(ñ)o pasado de (17)55, en que fue may(ordo)mo Roque García, quien compusieron de los alcanzes de sus antecesores, resulttó alcanzado en seiscientos setenta y cinco r(eal)es y veintitrés m(aravedíe)s. No tiene más r(en)ta esta cofradía q(u)e una t(ier)ra q(u)e a(l) segundo a(ñ)o suele valer cuarenta rr(eale)s. Aprobé d(ic)has q(uen)tas por no contener reparo, y di com(isi)ón al cura vicario p(a)ra hazer liquidaz(ió)n del dicho alcanze y proceder al pago. Y mandé se continuase con la formalidad q(u)e hasta aquí, poniendo las q(uen)tas con expresión, y guardando los recados de ellas p(a)ra su reconozim(ien)to en visitta. Y mandé q(u)e de el caudal de d(ic)ha cof(radí)a se retejase y blanquease la hermita de la Vera Cruz (y) se pusiese en el altar un cuadro de Christo crucificado”.
 
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