La luminaria es fuego y es luz. La luminaria es aroma penetrante de intenso espliego y tomillo salsero. Muchos lugareños han conservado en sus sobraos, a lo largo del año, el espliego que cubriera las calles en el camino del Señor en la procesión pasada. Ahora lo encienden a toque de campana como queriendo destruir en su interior el temor a las tinieblas que se ciernen irremisiblemente sobre el horizonte del solsticio de verano.
El lugar se embriaga de una azabache humareda de apotropaicos significados, de desalojo de las potencias malignas que lo afligen, que pretendiera sanear el recorrido allí donde llegara el purificante aroma, adelantándose a la presencia de Cristo Eucaristía en la mañana siguiente, casi incensando su marcha en humana reverencia ante lo incomprensible de la presencia misteriosa de la divinidad.