Las iglesias de la abadía (VII): Nuestra Señora de los Villares, de Navaluenga Imprimir
Junto al Alberche, al final del concejo, se enclava la localidad de Navaluenga. En su término, conserva algunos yacimientos de época visigoda, como el del Cerrillo de San Marcos, datado hacia el siglo VII, en el que se pueden distinguir las plantas rectangulares de ciertas viviendas, construidas con lajas de piedra y adobe.

Además, los autores de la memoria de las excavaciones de la necrópolis de Fuenteávila, en el mismo término municipal, en sus conclusiones, indican la posible pervivencia de poblaciones mozárabes hasta bien entrado el siglo XI, lo que no hace sino fortalecer las propuestas que formulábamos en el capítulo en que nos hacemos eco del posible momento fundacional del cenobio de Burgohondo.


Navam Longam, la nava grande, o alargada, la encontramos citada por primera vez el 7 de febrero de 1172, en un documento de Alfonso VII, fechado en Toledo, en el que se establecen los límites entre Ávila y Segovia. El 6 de julio de 1250, aparece nuevamente, esta vez en la nómina de localidades que relata el cardenal Gil Torres en la descripción de las rentas de la iglesia de Ávila. Además, en 1344, el Libro de la montería de Alfonso XI menciona los cinco días que, tratando de cazar un oso, pasó el monarca en los frondosos bosques de Navaluenga. 

Iglesia parroquial.
En esta localidad se conserva la iglesia de Nuestra Señora de los Villares, que se erige como parroquia, según hemos anotado arriba, en 1466. Si prescindimos de la torre, construida a mediados del siglo XX, en la actualidad se perciben en esta iglesia dos momentos constructivos. Como puede extraerse del diploma que tenemos detrás, el templo parroquial se erige sobre una edificación “reciente”, levantada como ermita de devoción, probablemente en aquellas décadas medianeras del siglo XV. A pesar de lo que se apunta en otros lugares, entendemos que de aquel momento serían los arcos carpaneles de la estructura de este templo, soportados sobre columnas pétreas, rematadas a su vez en capiteles decorados con motivos vegetales. También de entonces sería la pila bautismal, aunque su rudeza no permite asegurarlo, y el ingreso de los pies.

En el siglo XVI, durante el abadiato de Juan Dávila y Arias (1506-1557), la iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Villares es nuevamente intervenida. Se derrumba el cerramiento del naciente y se levanta un arco triunfal de gran luz, de medio punto, así como dos nuevos arcos formeros de igual factura, que abren sendas capillas a los lados del presbiterio. También parece de aquella misma reforma la puerta meridional, un amplio vano adovelado sobre la base de un arco de medio punto, claramente renacentista, que emparenta con las de muchas de las iglesias abulenses de mediados del siglo XVI, singularmente las de la abadía, como la de Navarredondilla, Navarrevisca o la del propio monasterio de Burgohondo.

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