Las ermitas de la abadía (V): El Santillo de Navalvao, en Navaloa Imprimir
A pocos kilómetros de Navalosa, junto al río, se levanta todavía hoy, a pesar de la despoblación, la vieja ermita- iglesia de Navalvao, consagrada en honor a los santos apóstoles Felipe y Santiago, que no ha dejado de suscitar dudas sobre su procedencia y adscripción. Está documentada desde 1351, por lo que su antigüedad es indudable.
 
La imagen de un Santiago peregrino, por seguridad, se guarda desde hace años en la iglesia parroquial del pueblo y sólo se lleva en procesión con motivo de las romerías que en su honor se hacen a primeros de mayo.
 
El templo, de nave única, fabricado en mampostería, al que se accede mediante el ingreso adintelado abierto en la fachada occidental, se cierra con ábside semicircular. Al Sur se abren dos sencillas ventanas adinteladas para la iluminación del altar y la nave de tan vetusta construcción, cubierta con tejado a dos aguas en la nave y atrio en el ingreso.  

Como excepción a una lacónica decoración, llaman la atención dos figuras en piedra de rostros humanos o incluso simiescos que ocupan al exterior las paredes del templo al Poniente y al Mediodía. Estas dos efigies, escasamente esbozadas, bien podrían relacionarse con ciertas representaciones del Mal en estas estribaciones septentrionales del Sistema Central, espacio de pastores y ganados criados a la intemperie de un clima singularmente virulento.

Esta iglesia fue aneja de la de Navalosa a lo largo de toda la Edad Media. Conserva los elementos que confirman su condición de parroquia, como la pila bautismal, hoy con funciones de pila de agua bendita, y el presbiterio que, aunque sencillo, todavía hoy concentra a un buen número de fieles en torno a las celebraciones que se le dedican al Santillo de Navalvao los primeros días del mes de mayo.

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