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La fauna invisible del Alto Alberche (VI) PDF Imprimir E-mail
6. CORZO
 
Orden: Artiodáctilos
Familia: Cérvidos
Género: Capreolous
Especie: Capreolus capreolus

Es un mamífero artiodáctilo perteneciente a la familia de los cérvidos. Es el rumiante de menor tamaño de los cérvidos españoles, y se caracteriza por tener una talla pequeña y una cuerna reducida. Presenta una altura en la cruz que oscila entre los sesenta y cinco y los setenta y cinco cm. y un peso medio de veinte a treinta kg., siendo las hembras ligeramente más pequeñas que los machos.

Entre sus características destacan una coloración grisácea en invierno y rojiza en verano, y la cola muy pequeña; pelaje duro y compacto; trasero con una mancha blanca muy llamativa y el hocico negro, que contrasta con el blanco de la barbilla. Cuenta además con unos enormes ojos negros y orejas grandes que vigilan constantemente los alrededores, un cuello fino y las patas largas y esbeltas. Sus cuartos traseros son más largos y elevados que los delanteros, razón por la cual anda de una forma muy peculiar, dando pequeños saltitos; además nada bien y tiene el oído y la vista muy desarrollados. El corzo emite un sonido parecido al ladrido de un perro, muy bronco y sonoro, que puede oírse a varios kilómetros de distancia y pasa el día escondido entre la tupida maleza del bosque, por lo que se le considera un animal predominantemente forestal. Este cérvido puede alcanzar los trece años de vida, pero generalmente en estado salvaje no supera los ocho, destacando que la mortalidad en el primer año de vida es muy alta.

Una característica destacable de estos cérvidos es que sólo los machos tienen cuernos. Esta cuerna es ahorquillada, y con la edad adquiere en su zona baja y media un gran número de rugosidades llamadas perlas. En la raza que habita el Alto Alberche la cuerna rara vez supera los veinticinco o treinta cm. La cuerna normal presenta tres puntas y consiste en un tallo con dos candiles, el más bajo dirigido hacia delante y el más alto hacia atrás, formando una horquilla con el extremo del tallo. La primera cuerna se desarrolla a los siete meses a partir de dos botones en la cima del cráneo (son unos tallos sencillos) y caen al empezar el invierno. Posteriormente se compone de varas, en ocasiones ya ahorquilladas y pueden medir diez cm. El tercer año y los siguientes cada cuerna tendrá tres puntas normales.

La cuerna cae en otoño y crece a partir de la roseta con una capa aterciopelada y muy vascularizada a lo largo del invierno. En los meses de abril o mayo los machos “escodan” (se denomina así a la fricción voluntaria de las cuernas con los árboles, arbustos o rocas, para liberarla del terciopelo que la recubre durante su crecimiento). Queda así la cuerna lista para utilizarse en su función primordial: las luchas y combates prenupciales entre machos. Pueden presentarse cuernas deformadas y fusionadas por la base en una masa única, y en los machos viejos se producen regresiones, pero menos marcadas que en el ciervo. El desarrollo de las cuernas es un proceso complejo en el que pueden influir numerosos factores: la estructura de la población de corzos, la densidad de animales, las eventuales alteraciones del sistema endocrino, la formación o disponibilidad de vitaminas, las alteraciones causadas por el hombre y el influjo de otros ungulados. También las enfermedades y la presencia de parásitos pueden contribuir a que la cuerna sea más débil y escasa, debido a alteraciones en el metabolismo o a la pérdida de energía. A partir de finales de octubre o primeros de noviembre, comienza a producirse el desmogue, es decir, el momento en que el corzo pierde sus cuernas de forma natural, para que acto seguido comiencen a desarrollarse unas nuevas. Normalmente, la mayor parte de los corzos perderán la cuerna a lo largo del mes de noviembre, pero en ocasiones pierden sus cuernas más tarde.

Respecto a la reproducción, es el único cérvido que presenta día pausa embrionaria, por el cual el óvulo permanece flotando en el útero de la hembra desde el momento de la fecundación (julio-agosto) hasta principios del invierno (diciembre), comenzando entonces un ciclo de gestación normal, en el que el embrión continua su desarrollo durante una gestación de ciento treinta días. La cría, llamada corcino, presenta un pelaje rojizo tachonado de manchas blancas dispuestas en tres filas a lo largo del dorso. La madre esconde a los recién nacidos durante el mayor tiempo posible y al menor peligro les advierte del mismo, golpeando el suelo con una pata o emitiendo un silbido especial. Los corcinos empiezan a consumir vegetales a los dos meses y acompañan a la madre durante los diez primeros meses. Los nacimientos tienen lugar durante mayo y junio; las hembras jóvenes suelen dar a luz una sola cría en cada parto, mientras que las de edad más avanzada, dos (las hembras son fértiles al primer año de vida). El periodo de celo tiene lugar entre julio y agosto a diferencia de ciervos y gamos, que tienen su ciclo estral en otoño. El macho es territorial entre abril y agosto, comportamiento territorial que cesa una vez que finaliza la época reproductiva, cuando se hace más tolerante con sus congéneres, llegando a formar grupos durante el invierno.

La alimentación de estos animales es fitófaga, es decir, consume preferentemente materia vegetal. Son muy exigentes en cuanto a su alimentación y tiene capacidad de limitar el consumo de energía durante la época más desfavorable (es muy selectivo y sólo come las plantas más nutritivas). Su dieta esta formada por brotes tiernos, frutos silvestres, hojas, zarzas, retamas, cortezas, hongos y todo tipo de hierbas. Sus alimentos son de alto valor nutritivo, pero con bajo contenido en fibra. Comen en breves intervalos, seguido de pequeños periodos de reposo. Son ramoneadores y consumidores de herbáceas, alimentándose de las hojas y brotes de las especies arbóreas y arbustivas que encuentran en su zona de distribución. Se estima que las necesidades alimenticias por kilo de peso, son superiores en el corzo que en el ciervo. Así, un adulto necesita comer tres o cuatro kg. de materia verde cada día. Esto supone que se adaptan perfectamente a los ciclos anuales de la vegetación.

Los corzos pueden estar activos durante cualquier momento del día. Durante las horas de sol suelen alimentarse en el bosque y al anochecer salen a zonas abiertas donde a veces pasan toda la noche. Dedican cuatro horas diarias al sueño.

Habita zonas de alta montaña, bosques de hayas, robles, pinares y zonas cercanas a cultivos. El denso corazón del bosque es su fortaleza, le ofrece refugio, alimento y tranquilidad, habitando preferentemente zonas densas con sotobosque para ocultarse y prados para alimentarse. Este artiodáctilo prefiere los bosques caducifolios a los de coníferas, pero se encuentra en hábitats variados.

El lobo es su principal enemigo natural e incide mucho sobre los ejemplares jóvenes, siendo la especie más consumida por este cánido. También el águila real tiene entre sus víctimas al corzo. Los atropellos nocturnos, el furtivismo, la destrucción de los bosques en los que vive y los incendios, afectan directamente al número de individuos de la especie. Por otro lado, las actividades como el turismo mal organizado, la repoblación forestal o la intensificación local de los trabajos agrícolas rompen la tranquilidad a la que el corzo está acostumbrado, lo que provoca en este cérvido un estado de estrés poco beneficioso para este animal.

Sergio Calvo García
 

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