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La fauna invisible del Alto Alberche (II) PDF Imprimir E-mail
2. GINETA
 
Longitud cabeza-cuerpo: 50 cm.
Cola 40 cm.
Altura en la cruz 19 cm.
 
Orden: Carnívora
Familia: Vivérridos
Género: Genetta
Especie: Genetta genetta
 
La gineta común o también denominada “gato árabe” es un carnívoro de tamaño medio y ocupa un lugar entre los matadores del bosque peninsular. Parece mentira que unas pocas ginetas que escaparon de las casas de los árabes, lograran colonizar la Península Ibérica en todos sus ecosistemas. Este vivérrido cruzó el Estrecho de Gibraltar hace mucho tiempo, posiblemente al mismo tiempo que los árabes penetraron en la Península. Se cree que era el equivalente a nuestros gatos actuales, apareciendo ya en las casas de los egipcios (donde estaban domesticadas) y eran utilizadas en barcos y casas para capturar las ratas. Por esta razón se dice que la gineta es un regalo del Islam.

Sus características físicas son: cabeza pequeña; orejas orientables, usadas durante la caza a modo de pantallas receptoras de sonidos; pupilas verticales adaptadas a la visión nocturna; vivaces ojos castaños que proporcionan una gran visión binocular; cuerpo estilizado y elegante, sorprendentemente flexible, proporcionando a la gineta la agilidad que la caracteriza; cola muy larga; patas semiplantígradas con cinco dedos; uñas retráctiles y falciformes; andar digitígrado; extremidades posteriores muy musculadas, responsables del impulso en el salto. Su color general es gris claro amarillento, con manchas negras de forma irregular en los lados formando cuatro o cinco franjas longitudinales, y la larga cola con ocho o nueve anillos negros, es un útil balancín de equilibrado. A lo largo del espinazo crece una cresta de pelos eréctiles, rígidos y negros. El hermoso pelo de la gineta le permite camuflarse entre el mosaico de luces y sombras de la espesura en las noches de luna.

De costumbres nocturnas, el día lo pasan dormidas en sus protegidas madrigueras. Bien entrada la noche, el carnívoro deja su refugio y comienza su ronda, con paso vivo y seguro, campeando hasta tres kilómetros en una hora. Para cazar utiliza su extraordinaria agilidad: trepa, salta, corre y baja por los troncos de los árboles cabeza abajo, con una gran facilidad. Puede adoptar cualquier postura e introducirse por intersticios inverosímiles y es capaz de saltar de unas ramas a otras. Diríase que no conoce la gravedad o que vuela de rama en rama, utilizando la cola para equilibrarse.

Es muy cautelosa y solitaria. Se mueve por su hábitat con gran sigilo sin hacer el menor ruido. La gineta cuando caza es vibrante, ágil, silenciosa y constituye todo un espectáculo de precisión. Su olfato y oído son muy finos. Al igual que el gato montés, captura a sus presas con las garras, que cuentan con uñas retráctiles que guarda para las ocasiones vitales dentro de unas vainas. Cuando rastrea a su presa lo hace con el cuerpo agachado y estirado. Algunas personas la llaman la “bella matadora”, ya que es un animal esencialmente carnicero y su aspecto exterior es verdaderamente elegante.

Su dieta es oportunista y está constituida principalmente por pequeños mamíferos. Pero puede ser muy variada, incluyendo liebres, conejos, roedores (ratón campestre), aparte de pequeños carnívoros o insectívoros y aves. Cuando lo precisa, consume anfibios, reptiles y peces o se introduce en los gallineros y corrales para atrapar gallináceas, palomas y pájaros. También come huevos, vegetales, frutos blandos (higos, uvas, moras o bayas) e incluso los desperdicios que el hombre deja a su paso. Su técnica preferida de caza consiste en un lento rececho, en el que cuerpo y cola se mantienen en línea recta, al tiempo que los pabellones auriculares se mueven en busca de un sonido delator. Una vez a la distancia apropiada y aprovechando un descuido de la presa, la jineta la aferra con las garras delanteras, para ultimarla con una rápida dentellada en el cuello.

La fisionomía de este vivérrido le permite introducirse en los vivares de los conejos para acorralarlos y matarlos como haría un turón. La gineta también sorprende a las aves que duermen en las ramas más finas de los árboles o en sus nidos. Las aves pueden integrar hasta la mitad de su dieta en primavera y verano, cuando la gineta dedica la mayor parte de su ronda nocturna a buscar nidos (tanto terrícolas como arborícolas), de los que devora huevos y pollos. Utiliza su hocico a modo de pinzas, extrayendo de los intersticios de rocas y troncos a los pequeños animales que habitan estos lugares. Las ardillas, lirones, musarañas y murciélagos también forman parte de su dieta. A estos últimos los acecha a la entrada de sus cuevas y los captura en pleno vuelo. Ni las grandes rapaces se libran de las uñas retractiles de este vivérrido. Asalta los nidos del águila ratonera, del águila calzada o del azor. Por ultimo, hay que destacar a las lagartijas como uno de los pilares de la dieta de la gineta ibérica.

Habita en bosques, sierras y lugares húmedos, siendo su principal refugio los árboles huecos, rocas o zarzas. Es un animal poco exigente en lo que al biotopo se refiere. Suele utilizar como madrigueras los huecos de los árboles o el suelo cuando hay entramados vegetales muy densos, y su hábitat se extiende por toda la geografía peninsular.

Entre sus enemigos naturales podemos destacar el águila real, el búho real o el lobo, pero su mayor problema es la destrucción de hábitats y el descenso de la población del conejo. La consideración de esta especie como alimaña, la utilización de su piel en peletería y su belleza después de ser disecada, ha supuesto una persecución de la especie, a lo que habría que añadir el atropello accidental que también ha influido negativamente en la población de ginetas.

En libertad viven entre seis u ocho años. La época de celo tiene lugar a lo largo de casi todo el año, pero con mayor frecuencia en febrero y marzo. El período de gestación dura de cincuenta y cinco a sesenta y cinco días, siendo posible que tenga dos partos al año, uno a principios de año y otro en otoño. Normalmente tiene dos o tres crías en cada parto, pero puede tener hasta cuatro. Las crías nacen con los ojos cerrados y en sus primeras semanas de vida son amamantadas exclusivamente con leche, hasta los dos meses que ya empiezan a ingerir alimento sólido, alcanzando la madurez adulta a los dos años. Hacia los seis meses se independizan, aunque pueden permanecer con la madre hasta cumplir el año. Durante este tiempo la madre les enseña las técnicas de caza y supervivencia, para que en su ausencia puedan sobrevivir y enfrentarse por sí solos a los peligros que están expuestos en el hábitat del Alto Alberche. 

Sergio Calvo García 
 

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