6. EL REFECTORIO COMÚN: PAN, VINO, LEGUMBRES, POCA CARNE Y ALGO DE ACEITE
[487, 2011 enero 23] Cuando abordamos la cuestión de la alimentación, constatamos un hecho ciertamente significativo, aunque nada extraño, por lo que venimos anotando arriba: en los estatutos de 1549 no se trata en absoluto la materia, salvo en una ocasión, por un motivo ciertamente diverso del que nos interesa aquí, al referirse al ayuno que han de guardar los canónigos los viernes del año y todos los días de adviento.
Además, sólo aparece el término “refectorio” cuando el papa León X, según las indicaciones del abad don Juan (1506-1557), evalúe las dificultades que sobrevendrían a la canónica de Santa María precisamente si en ella se mantuviera el “refectorio común”, como se venía observando hasta entonces; es decir, se cita para explicar por qué, a partir de este momento, y según estas mismas letras pontificias, se va a suprimir esta forma de gobierno comunitario.
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5. EL VESTIDO DE LOS CANÓNIGOS DEL BURGO ES MERO HÁBITO CLERICAL
[485, 2011 enero 21] San Agustín se refiere al hábito de los clérigos, y a la ropa en general, en el capítulo V de su regla (1), que titula: “Del uso de las cosas necesarias y de su diligente cuidado”. En este capítulo, que comprende diez números, pide a los miembros de su comunidad, entre otras cosas, que tengan sus vestidos “en un lugar común, bajo el cuidado de uno o de dos, o de cuantos fueran necesarios para sacudirlos, a fin de que no se apolillen.”
Y continúa explicando que, así como se alimentan de una sola despensa, así deben vertirse de una misma ropería. A ser posible, no sean ellos los que decidan qué vestidos son los adecuados para usar en cada tiempo, ni si reciben el mismo que habían usado o el ya usado por otro, con tal de que no se niegue a cada uno lo que necesite.
Pero si de ahí surgiesen disputas y murmuraciones, quejándose alguno de haber recibido algo peor de lo que había dejado, y se sintiese menospreciado por no recibir un vestido semejante al de otro hermano, deben juzgad de ahí cuánto les falta en el santo hábito del corazón, “cuando así os contendéis por el hábito del cuerpo”. En cualquier caso, si se tolera por su flaqueza recibir los mismos que dejaron, deben tener lo que usen en un lugar común, bajo la custodia de los encargados (30).
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4.3. El conjunto monástico de Santa María
[484, 2011 enero 20] Al Sur de la iglesia se alza el monasterio. La planta general de la abadía aparece inscrita en un cuadrado con torres de planta circular en sus ángulos y una más en el centro del perímetro, entre aquellas, lo que le da un claro aspecto de plaza defensiva. En el muro Norte se levanta la iglesia, cuya cabecera constituiría el cubo de mayores dimensiones.
De esta estructura primitiva, en la actualidad, queda en pie parte del muro occidental, en el que se abre una puerta, y parte del muro Sur, con dos cubos o torreones. En el ángulo Sur-oriental, un tercer torreón, circular, es sustituido, ya en un momento temprano, por una torre de planta cuadrada. Esta torre mantiene, sin embargo, la misma idea constructiva del primitivo monasterio, que coloca las piedras más grandes en vertical.
Los muros, al igual que los de la iglesia, están hechos de mampostería, con aquella tendencia a colocar las piedras grandes verticalmente, que encontramos también en la muralla de Ávila, edificada, según los investigadores, unos pocos años antes. Entre las hiladas mayores, se insertan diversas lajas cortadas de modo irregular. Sólo las ristras que completan las piedras colocadas en el ábside son en esto una excepción al ser sustituidas por el ladrillo según el gusto mudéjar. En estos muros, se insertan distintos vanos, mínimos en los torreones, que reformas posteriores han ido ajustando a las necesidades del uso en cada época. El carácter defensivo de las torres apunta el uso como saeteras de estos pequeños huecos que descubrimos en la construcción.
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4. EL ESPACIO MONÁSTICO: REFUGIO Y REFERENCIA VITAL
[481, 2011 enero 18] Queda anotado que, a lo largo de los siglos de la baja Edad Media, los canónigos de Santa María viven en la clausura del monasterio. Falta explicar en qué consiste la clausura, el ordenamiento interno de la fábrica, las posibilidades que ofrece el viejo caserón cabe la garganta de Santa María o de la Yedra. El hábito monástico, el resguardo personal frente a la cruda intemperie de la sierra de Gredos, complementa la materia sobre el refugio de los clérigos en la canónica del Burgo.
4.1. El claustro hasta 1514
Recuperamos todavía otra explicación sobre la novedad que representa la bula de 1514, en que se recuerda la forma de vida que llevan los clérigos de Burgohondo a lo largo de los siglos medievales y que ya hemos oído de mano del abad Melchor Pérez de Arteaga (1579-1592).
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3. EL INGRESO EN COMUNIDAD: LA CONSAGRACIÓN MONÁSTICA
[479, 2011 enero 16] Fundado el monasterio de Santa María, con el tiempo llamarían a sus puertas nuevos candidatos a la vida comunitaria. Los motivos y circunstancias que llevan a un hombre a retirarse del mundo y a consagrar su vida al servicio de la comunidad eclesial, a ingresar en un monasterio, canónica o eremitorio, a emplearse en la clericatura, con diversas formas y características, han variado notablemente a lo largo del tiempo, probablemente de la mano de la propia evolución de la historia de la Iglesia.
A principios del siglo XX, escribe Gregorio Marañón al inicio de su magnífica biografía sobre Antonio Pérez (1) “No se sabe cuándo abrazó Gonzalo la carrera eclesiástica, que entonces ayudaba mucho para medrar en la Corte. Probablemente lo hizo sin demasiada vocación. En 1533, le nombró el Emperador canónigo de San Nicolás de Bari y, en 1538 era arcediano de Villena. En 1542, arcediano de Sepúlveda, en Segovia, con una canonjía anexa y, en 1544, canónigo de Cuenca. Cuando Carlos V abdicó, concedió a su secretario la abadía de San Isidoro, en León. En 1559, le fue otorgada una pieza eclesiástica en Vallecas y una encomienda en 1562, en la abadía de Burgohondo, de canónigos seglares de san Agustín, diócesis de Ávila.”
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