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Jornada micológia en Navalmoral de la Sierra PDF Imprimir E-mail
Aún queda tiempo, cuenta hoy Isabel Camarero en El Diario de Ávila, antes de dar por finalizada la temporada de setas -siempre que las heladas no sean la constante- y este fin de semana muchos han sido los que han salido al campo en busca de ejemplares: es el caso de algunos ya entendidos y de otros que quieren entender. Una muy buena oportunidad para aprender son las jornadas micológicas que se desarrollaron en Navalmoral y El Tiemblo. En uno y otro caso más de un centenar de personas salieron ayer a recorrer pinares, encinares, castañares, robledales o pastizales, entre otros hábitats, para conocer detalles sobre un mundo que no deja ni de asombrar ni de captar adeptos.

Las jornadas de El Tiemblo que van por su octava edición fueron un auténtico éxito tanto en especies recolectadas como en afluencia. Siempre guiados por expertos, el recorrido se convirtió en un continuo aprendizaje, pero sobre todo en una importante lección de respeto al medio ambiente.

El vicepresidente de la Sociedad Micológica Amagredos y director técnico de estas jornadas, Rafael Aramendi, alabó la biodiversidad «tremenda» que tiene el entorno tembleño, claro que «en este caso hemos ido a las zonas donde podríamos encontrar más setas», añadía Los participantes pudieron comprobar cómo al cambiar de ecosistema iban encontrando nuevas especies, por ejemplo, al llegar a la pradera pudieron recolectar setas de cardo, plateras, champiñones y parasoles que no había en el pinar.«Lo importante es que la gente reconozca la importancia de la función de estos seres en la naturaleza, las relaciones simbióticas que se producen entre los hongos y el arbolado» destacó Aramendi.

En Navalmoral de la Sierra por su parte, el centenar largo de recolectores tutelados por la micóloga Beatriz de la Parra fueron capaces de reunir otras tantas especies de lo más variadas: «Había mucha muscaria, capuchina -ahora muy de moda en la cocina-, ‘pipas’ -de las que destacó sus propiedades medicinales- un ramillete espléndido de seta de chopo y dos boletus edulis de más de 2,5 kilos de peso», decía De la Parra, quien no dudó en calificar de éxito unas jornadas en las que no faltó una exposición, una charla o una comida a la que acudieron más de 300 personas.
 

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