Ferias en Burgohondo Imprimir
El Ayuntamiento de Burgohondo ha distribuido ya los carteles para la feria de ganado que, como todos los años, se celebra el tercer domingo de octubre.

Para ilustrar la ocasión, recojo un texto que publicamos en Alberche Mágico hace seis años, y se puede encontrar en otro lugar de esta página, al tiempo que animo a recuperar, con fuerza, esta particular estructura comunitaria, arraigada en el alma castellana, que el tiempo, el desinterés, pero sobre todo el individualismo, han ido destruyendo.

Si vacas, cabras, ovejas, burros, mulos y caballos han formado en un momento de la historia parte esencial de la cultura ganadera del Alto Alberche, los intercambios que de ellos se hacían en las numerosas ferias y mercadillos del Valle constituyen el eje vertebrador más importante de la economía serrana de estos contornos. Numerosas localidades celebran ferias: Navarrevisca, Navalmoral de la Sierra, etc., pero especialmente Burgohondo. Grandes fueron las ferias del Burgo de las que se dice cuentan con regia concesión de privilegio para intercambio libre de productos agropecuarios. También los miércoles hay mercadillo en Burgohondo, pero no es ésta la ocasión de narrarlo.

Ha terminado el verano en el Valle alto del Alberche. La despensa se ha ido llenando, poco a poco, con los productos de la tierra. Las crías del ganado han crecido ya lo suficiente como para poder obtener de ellas pasadera rentabilidad. Con las ferias del Burgo, del 17 al 19 de octubre, ahora el tercer domingo de octubre, como decimos, se completa el ciclo de intercambios que prepare la economía familiar para el invierno que se adentra. También hubo ferias en mayo, del 22 al 24, que ayudaron a establecer el primer aporte de productos y materiales con que afrontar el paso del verano. Los frutos del esfuerzo están ya aquí y llega el momento de cobrarlos.
 
El día señalado, apenas amanecido, se pone en marcha la caravana. Las ovejas y las cabras llegan en camiones. También algunas vacas. Pero la mayoría del ganado es transportado andando por las brechas que hacen más cercanos los distintos pueblos del Valle. Algunas vacas han dormido ya en el Burgo apostadas en prados cercanos para lo que también se ha convenido un trato entre los dueños. El lugar elegido es el cerro del Zaire, que nombraran los mismos musulmanes en el lejano medievo castellano. Zaire, que en árabe significa panera, rememora una vez más viejas leyendas de pastores y labriegos de estas austeras laderas de las estribaciones de Gredos.
 
Perros, gallos, y la figura horrenda y maloliente de un macho cabrío con un enorme cencerro, que antaño guiaba el rebaño, completan el cuadro de animales. A las doce del mediodía la feria está en el momento más álgido. Los tratos empiezan a cerrarse, suena la flauta y el tamboril, la gente se amontona para ver las peleas de gallos, los jinetes hacen cabriolas con los caballos mostrando sus habilidades,... Se deja oír alguna melodía de la tierra:
 
¿Qué quieres que te traiga, que voy de feria?
Un para de zapatillas con unas medias.
Anda salud, andar y brincar y andar por el campo.
Dile a esa amiga tuya que te acompañe.
¿Que quieres que te traiga que voy al Burgo?
Un par de zapatillas que vale un duro.
Anda salud, andar y brincar y andar por el campo.
Dile a esa amiga tuya que te acompañe.
 
Los tratos no se hacen inmediatamente. El forcejeo en el precio hace que la mañana se vaya alargando hasta que los buhoneros llegan a un acuerdo. Se observan los animales, se opina y discute sobre ellos. Un sencillo apretón de manos delante de testigos es suficiente para cerrar una compra bien hecha. El trato está realizado. No hay vuelta atrás. Un buen vaso de vino alegra el reseco gaznate de los tratantes en los provisionales puestecillos que se acumulan junto a la carretera que une Ávila con la vecina Casavieja, al otro lado de la sierra.
 
También se venden otros productos, relacionados con el ganado: cestas de mimbres, alforjas, cencerros, correas, y todo tipo de objetos de cobre y madera. Hoy se ha creado un espacio para la venta de modernas maquinarias de labor, ordeño o esquileo. Todo el ambiente resuena a fiesta ambientada por las conocidas tonadillas de dulzaina y tamboril.
 
La fiesta continúa en la plaza de toros, que permanece instalada desde las fiestas de septiembre. Se lidian bravos novillos que atraen la atención de un buen número de paisanos y foráneos en torno a los aplausos y silbidos del coso burgondeño. Bataholas, jaranas y chirimías se escuchan en el Valle como reverberaciones de regodeo jubilar. Los calores estivales han quedado atrás aparcando consigo las duras tareas agrícolas. La fiesta llena, de nuevo, por unas horas, la calada paz de la Villa.
 
Concluimos con Espina Barrio afirmando que, si la función que antaño cumplían estas ferias era primordialmente económica, en la actualidad ponen de manifiesto un interés marcadamente simbólico por la ganadería. Aparte de constituir un acto social de tipo comarcal en el que entran en contacto diversas familias y pueblos, se traspasan noticias y se compite con un ganado, por lo general bien cuidado, que más que a venderse, parece que, meramente, viene a mostrarse.
 
Comentarios (1)
La feria
1 Martes, 06 de Marzo de 2012 14:33
Carmen
De pequeña asistia con mi padre a la feria "del Burgo" ,desde Navaluemga , y era para mi una auténtica fiesta,mientras el se ocupaba de sus cosas yo recorria con mi amiga, siempre llevabamos alguna,todos los puestos que habia en la calle.UNA GOZADA,QUE BUENOS RECUERDOS!.

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