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El vestido del criado dice quién es su señor PDF Imprimir E-mail

Distinguido es el tradicional vestido burgondeño, de montañeses colores azulados y granates que evocan de nuevo los antiguos labriegos y pastores de estos profundos ejidos. Noble su paño, recia su hechura, se vuelve amable con el paso de los años al tiempo que se pierde su uso cotidiano.

 

Hablar del traje típico o tradicional de Burgohondo es caer buenamente en la engañosa simplificación. Tal vez no sea fácil salir del aprieto, pero no se nos puede escapar la distinción entre las muchas posibilidades que ofrece una misma indumentaria. Bien conocida es la distancia que media entre el estío y el invierno en la ladera norte del puerto de Mijares, junto a la ribera del bondadoso Alberche.

 

Con las primeras nieves, los paños más frescos se tornan pronto burdos tejidos de lana que alivian el cuerpo de las inclementes heladas. Ligeros pañuelos y albarcas de esparto dejan paso en otoño a los fuertes jubones y a las mantillas de paño, que nada desmerecen en colorido y factura. También la fiesta marca su ritmo, engalanado los cortes más recios del traje de usanza.  


Advertido lo dicho, apuntaremos que hoy se conserva apenas un compendio de todo aquello insertado con más o menos acierto, con claro dominio del traje de fiesta de los meses de verano. Sólo la celebración casi ancestral de los ritmos del hombre y la naturaleza, cuando es el caso, desempolvan los viejos atuendos cubriendo con la solera de los siglos el noble cuerpo de los danzarines.

 

Las mozas serranas se visten ahora con medias de hilo, bajo blancos pololos. Ocultan enaguas caladas, tímidas y coquetas, que cubren con la roja viveza de la falda castellana. Bellos son los picados que luce la falda, sobria de nuevo, austera, como la sierra madre que le vio nacer, delicada y fuerte a la vez. El mandil bordado, casi mimado en su factura, se asoma también curioso bajo la abierta faldriquera. La blusa negra sobre los hombros y el pañuelo de ramos dejan lugar a la mantellina que cubre la cabeza en los grandes festejos. Finalmente, la zapatilla de baile completa el ajuar de las mujeres del Valle alto del Alberche, a lo que se incorporan las esperadas variables locales.

 

El mozo se cubre con negros calzones de paño, sobre blancas medias de vistosos calados. La negra faja y el pañuelo de cuadros azules y blancos, indispensables y varoniles complementos, se ciñen al cuerpo sobre la blanca camisa. Cubre la camisa un blusón azul, delicado, bellamente bordado, casi obra de platero medieval. Un sombrero de paño completa el traje del efebo burgondeño.

 

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www.santamariadelburgo.com ] Foto: Luis Blázquez González, publicada en www.altoalberche.com en julio de 2004.
 

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