El urbanismo rural también tiene límites Imprimir

Cuenta estos días El Diario de Ávila que, ahora que el urbanismo vuelve a estar de actualidad en la provincia de Ávila por mor de la renovación del Plan General de Ordenación Urbana de Ávila y de la última modificación al anterior aún en vigor, una localidad importante del medio rural provincial, Hoyocasero, ‘reclama’ su cuota de protagonismo en la materia. Seguramente de forma involuntaria, este municipio se ha situado en el escaparate de la actualidad al hacerse públicas sendas sentencias firmes en las que se confirma lo que hasta ahora era una sospecha: la ilegalidad de dos construcciones en su suelo municipal.

El juzgado de lo contencioso-administrativo de Ávila ha sentenciado la obligatoriedad de «restaurar a la legalidad» ambas obras lo que, de facto, conllevará desagradables consecuencias para empresa constructora, vecinos y ayuntamiento. En primer lugar, la posible demolición de ambos edificios ilegales; en segundo lugar, la obligación de la empresa pomotora de ceder el diez por ciento a dotaciones municipales -o bien sustituir dicha cesión por la correspondiente cesión en dinero- y tres, las pérdidas que para el Ayuntamiento supone todo este proceso.

La iniciativa de la oposicioón socialista, de IU y de un edil independiente desenmascara lo que ocurre no sólo en Hoyocasero sino en otros muchos municipios, donde los atropellos urbanísticos han hecho mella en el propio desarrollo local o comarcal. No siempre debe achacarse a mala fe, fraude de ley o prevaricación este tipo de ilegalidades, sino que en muchas ocasiones juegan un importante papel la desinformación, la pueril interpretación del marco legal y la escasez de medios y de recursos por parte de las localidades. En este sentido, la exigua capacidad financiera local aboca a muchos ayuntamientos a apostar por versiones más o menos idénticas al manido desarrollismo del ladrillo que tanta huella ha dejado en las cudades y en la economía global.
 
El crecimiento de edificabilidades, volúmenes y manzanas como un fin en si mismo conduce a desequilibrios ajenos y enfrentados al modelo de sostenibilidad que debe regir la gestión moderna de nuestros núcleos urbanos, sean grandes o pequeños. El caso de Hoyocasero no es el único, ni siquiera el más grave, pero debe servir como ejemplo para otros similares.    

 

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