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El melón y el casamiento es acertamiento: boda en el Valle PDF Imprimir E-mail
El ciclo del matrimonio que ahora insertamos, casi obligado, en el cálido mes del serrano julio, representa, en sí mismo, un campo de estudio suficientemente amplio como para que entendamos que no dejamos aquí sino un grácil esbozo de lo que podría llegar a ser este capítulo del hacer popular del hombre del Alberche.

Habrá quien continúe y desarrolle, sin duda con más acierto, pero no es posible pasar ahora por alto las implicaciones que representa tanto en los contrayentes y la nueva familia que establecen, como en sus viejas parentelas, el reflejo social de encender un nuevo hogar, de acoger un nuevo vecino, de estructurar una nueva célula económica y el pequeño impulso iniciático que todos un día necesitaron y del que la colectividad se supo hacer nuevamente corrresponsable.
 

Desde las primeras rondas en que mostrar el originario arrebato de pasión que el pretendiente le tributó a su amada, allá en la mocedad, hasta llegar a cristianar su primer hijo, pasando por enramadas llenas de frutos y dulces junto a la ventana, y las consabidas intimidades, en el borde mismo de la decencia, entradas en la casa del padre de ella o el culminante momento del “te acepto como esposa”; se fueron desgranando un sinfín de buenos momentos que, tal vez, algunas fotos en el viejo álbum familiar quisieron caprichosas dejar estampados para mañana.
 
Muchas formas tuvo el hombre del Alberche para demostrar a su pretendida el amor que le tributaba. Las rondas que cantaron al amor y a la primavera se tornan luego en rondas de enamorado que llega, en vísperas de boda, a recordarle a su desposada que mañana será definitivamente suya; requiebros de ardores y entusiasmos entrelazados en el marco del necesario componente comunitario.
 
Ero, ero,
la flor del romero:
ero ero,
que por ti me muero...
           
Ha pasado el tiempo y se han ido descolgando algunos formalismos que la tradición secular de la serranía abulense hizo una vez suyos; pero la expresión del amor se manifiesta constante, permanente, inalterable, casi imperecedera. Vuelve el hombre en cada ocasión a expresarlo renovado con cantos y viandas, con rescatadas tonadillas de laúdes, guitarras, bandurrias y calderillos.
 
En la ronda de Navarrevisca, como dice Eduardo Tejero, cuando faltan cantares intencionados, se rellena el repertorio con las del patrimonio colectivo:
 
Esta calle abajo va
una guitarra de plata
y la prima va diciendo:
una morena me mata.
 
Una morena me mata
y una rubia me hace el hoyo;
y una niña de esta calle
me saca del purgatorio.
 
A tu puerta hemos llegado
con intención de cantar;
la licencia no traemos
no sé si nos la darán,
y olé resalada, y olé,
no sé si nos la darán.
 
Y el galán que aquí cantare
a la puerta de esta dama,
que alce un poquillo la voz
que tiene lejos la cama,
y olé resalada, y olé,
que tiene lejos la cama.
 
Despierta calandria hermosa,
y vuélvete del otro lado,
dale un beso a la almohada
y dice: a mí me los has dado,
y olé mi morena, y olé,
y dice: a mí me lo has dado.

A ello se replica:
 
Oiga usted, señor galán,
señal que ha dormido en ella,
cuando dice que está lejos
la cama de esta doncella.
 
Si he dormido o no he dormido,
yo mis excusas pondré.
Una vez que estuvo mala
con su padre la fui a ver
 
A tu puerta estamos cuatro
y cinco con el que toca
y seis con el que quisiera
besar tus manos y tu boca.
 
Morena, tu enamorado,
está aquí, pero no canta,
porque el polvo del camino
le ha atacado la garganta.
 
Aquí me tienes penando,
dueño de mi corazón,
que vengo de contrabando
y no puedo alzar la voz.
 
Una coplilla en tu abono
me han mandado que te eche:
eres más rubia que el oro
y más blanca que la leche.
 
Ya sé que estás en camisa
en la ventana escuchando
y en un papel escribiendo
las coplas que voy cantando.
 
Ya sé que estás acostada,
pero dormidita no.
Ya sé que estarás diciendo:
ese que canta es mi amor.

Y entre reproches y declamaciones –continúa Tejero- se pone el punto final:
 
Tú que estás en tu camita,
arropadita y caliente,
y yo por las esquinitas
tiriti- ti, con los dientes.
 
No quisiera más riqueza
que estar a tu lado siempre,
para decirte al oído
lo que mi corazón siente.
 
Si yo fuera pajarillo
que volara por el aire,
yo te pondría en tu alcoba
lo que no te ha puesto naide.
 
Tengo frío, morenita,
soy tu amante, ya lo ves:
y dame sitio en tu cama
aun cuando sea a los pies.
 
Despierta, blanca paloma,
y ponte ya en la ventana,
a así oirás de mis labios
que es tuya toda mi alma.
 
En Hoyocasero, encontramos nuevas palabras de ronda, que quisieron dejar por escrito los antiguos, del tiempo del amor. Su relación parece más directa con la víspera de San Juan como ha recogido de nuevo Eduardo Tejero:
 
Echo la bien llegada,
la del panadero.
que la eche su majito,
que es el primero.
 
Su majito la echa
con alegría:
dispierta clavellina,
si estás dormida.
 
Dispierta clavellina
si acaso duermes,
que la ronda de mozos
aquí la tienes.
 
Como vives enfrente
de las campanas,
oyes tocar a misa
por las mañanas.
 
Como vives enfrente
del campanario,
oyes tocar a misa,
rosa de mayo.
 
Como vives enfrente
de quien te quiere,
el aire favorable
dicen que viene.
 
Como vives en alto
eres airosa,
y por eso te has hecho
tan buena moza.
 
De rosas y claveles
tienes la cama
y de clavelinitas
las almohadas.
 
De chaveles y rosas
tienes el colchón,
que salen los olores
por el cuarterón.
 
De las dos hermanitas
que duermen juntas,
¡quién fuera secretario
de sus preguntas!
 
De las dos hermanitas
que van al baile,
mucho quiero a la chica,
más que a la grande.
 
De las dos hermanitas
que van a misa,
mucho quiero a la grande,
más que a la chica.

Finaliza la ronda a modo de desafío con seguidillas de pique y ciertos propósitos basados en el vestuario de la mujer amada.
 
Por la calle abajo voy,
veo tu candil arder.
no te acuestes dama,
que te voy a ver.
 
Si quieres verme,
vuélvete a marchar,
que me estoy desnudando
para irme a acostar.
 
Si te estás acostando,
vuélvete a vestir,
que algunos malos ratos
paso yo por ti.
 
Si pasas malos ratos,
galán, perdona,
para eso serás dueño
de mi persona.
 
Debajo de la pompa
de tu camisa
pasaré yo el invierno
muerto de risa.
 
Debajo de la pompa
de tus enaguas
pasaré yo el invierno
aunque nevara.
 
Debajo de la pompa
de tu refajo
pasaré yo el invierno
y el mes de marzo.
 
Debajo de la pompa
de tu candil
pasaré yo el invierno
y el mes de abril.

Finalmente nos detenemos en Burgohondo, que ha sabido conservar un importante repertorio de canciones de ronda. Impresionante legado el que nos dejaron los antiguos que hubo quien lo recogiera y le diera la fuerza y el vigor suficiente.

No hay moza sin ronda ni ronda sin moza a quien dedicársela que, como veremos más allá, hasta la misma Madre de Dios, Santa María la Real del Burgo del Fondo, es rondada en la víspera de su Asunción. Luego los mozos, también rondados, encuentran en la que se le tributa al Santísimo Cristo de la Luz, el tercer domingo de septiembre, su más exaltada correspondencia.


Las gentes de Burgohondo –dice Jesús Muñoz- se caracterizan por su alegría y carácter abierto que reflejan de manera singular en la tradición folklórica que tiene sus orígenes en torno al siglo XVI con la danza popular acompañada de castañuelas, de la zaranda, la chacona, que se parece al actual pasacalles, y la rondeña, que desciende de la música popular de ronda.

Hemos de aclarar que, por “ronda” se entiende no sólo el grupo de personas que la forman, sino también el propio tema que interpretan, que en algunos lugares cercano, como Mijares, se compone de romance, jota y seguidilla. Este tipo de ronda es muy común en toda esta zona Sur de Ávila, interpretándose de una forma similar en todo el valle del Tiétar como en Mijares, Piedralaves, Casavieja, La Adrada, etc. En Burgohondo, sin embargo, la ronda está formada por seguidilla seguida de jota. Es de resaltar que la seguidilla es un tipo de danza que únicamente se encuentra en la parte más oriental de Gredos.

Algunas de las más conocidas canciones, como “Los sacramentos”, las hemos encontrado en otras versiones en lugares tan dispersos como Mijares, Aldeavieja, Solosancho, Horcajo de la Ribera, Solana de Rioalmar, El Arenal, Arenas de San Pedro y en tantos otros de la geografía provincial. Dentro del mismo Concejo se cantan en Navarrevisca. Dicen los burgondeños:
 
Los sacramentos son siete.
Si los quieres escuchar,
arrodíllate en la cama (2)
que te los voy a explicar.
 
El primero es el bautismo (bis)
ya sé que estás bautizada
en la pila del bautismo (2)
para ser buena cristiana.
 
El segundo confirmación (2)
ya sé que estás confirmada
que te confirmó el obispo (2)
y te dio una bofetada.
 
El tercero penitencia (2)
de penitencia me echaron
el dormir contigo a solas (2)
y ese día aún no ha llegado.
 
El cuarto la comunión (2).
¡Qué manjar tan exquisito!
¡Ay quién pudiera tomar (2)
de tu mano agua bendita!
 
El quinto la extremaunción (2),
la que dan a los enfermos.
A mí ya me la puen dar (2)
que por ti me estoy muriendo
 
El sexto, sacerdotal (2)
¡Ay quién fuera sacerdote
para estar contigo a solas (2)
y confesarte esta noche!
 
El séptimo matrimonio (2),
que es el que vengo a buscar.
Con permiso de tus padres (2)
contigo me he de casar.
Y de aquí me voy a jota.

Salta ahora rabiosa la jota alegre en el contrapunto del repiqueteo del calderillo que tan bien manejara Andrés San Segundo, “Andresillo”:
 
Tres puertas tiene la iglesia,
y entremos por la de allá, (2)
y hagamos la reverencia
a Jesús en el altar (2).
 
El Ebro nace en Reinosa
y desemboca en el mar, (2)
y pasa por Zaragoza
a visitar el Pilar. (2)
 
Asómate a esa ventana,
cara de guinda madura, (2)
que parecen tus colores
y a los de la Virgen pura. (2)
 
Allá va la despedida,
la que echó Cristo en Belén (2);
que nos ha juntado aquí
nos junte en la gloria amén (2).
Allá va la despedida.

Llegado luego el convite de boda, también se han ido incorporando novedades por la vía de la asimilación de lo foráneo que universaliza y unifica una, hasta hace poco, interesantemente diversa realidad social.

En Burgohondo se recuerda todavía el ritual. María Muñoz nos contaba hace más de catorce años cómo empezaba todo: “se iba la víspera a casa de los padres del novio y todo duraba, a veces, hasta ocho días. Se comían pipos y carne con patatas, callos de los terneros y consomé con los huesos de la ternera. Terminados de cenar, se rondaba, primero los padrinos, con aguardiente, pastas,... y luego iban a cantarle la ronda a los novios. Después de los novios, se cantaba la ronda a las cocineras, llevando las guitarras. No se dormía en toda la noche. Se preparaban truchas, pollos, filetes de ternera, paella,... Si se ponía sopa de marisco, luego venía el pollo al ajillo. Había hornos para asarlos.
 

Por la mañana se hacía chocolate para tomarlo cuando salieran de misa. Al mediodía, paella con filetes de ternera y el postre,... Cuando se tomaba el almuerzo, los novios se iban a dar una vuelta por el pueblo y les daban judías o patatas,... luego a comer. Por la tarde, se daba otra vuelta, hasta la cena; sólo con sopa y carne. Luego anís y coñac. El tercer día se iba a buscar a los novios donde dormían. Convidaban taberna por taberna, y se bailaba en las gradas: dos duros, una peseta,... en el bar que iban, se bailaba y se les pagaba. Luego, otra vez a comer, y a cenar por la noche”.

Pero no en todos los lugares se cumplía el mismo precepto. Así, en Navalosa, Guadalupe González- Hontoria recoge cómo este convite de boda ha hecho nacer dos objetos de arte muy curiosos. Se trata de dos cestos de forma circular regularmente hondos de mimbre fino con la parte superior más entrecruzada y trabajada, que son conocidos como “cestos bordados”. Estos cestos se llenaban con higos uno y con nueces el otro, y con ellos en las manos la hermana o amiga de la novia iba convidando a la salida de la iglesia a amigos y parientes. La conexión que se establece con los conocidos sombreros de paja resulta aquí indudable.

Hay quien añade lo que ya sabemos, es decir, que las bodas comienzan en Navalosa también el día anterior a la ceremonia nupcial con una comida, con la costumbre de “hacer la cama” o mostrar la ropa y regalos de los novios y con las rondas nocturnas en las que los mozos y mozas, bien envueltos en las típicas mantas navalosanas, cantan a padrinos y novios unas seguidillas, pagadas con invitaciones a frutos secos y a otros aperitivos. De especial interés son las seguidillas cantadas a la novia referentes a las labores propias de la mujer, muchas e importantes. El día de la boda, después de casada, la novia es llevada por el acompañamiento hasta la casa del marido donde la madre de éste le pone un pañuelo y se lo anuda, tal vez como señal de aceptación.
 

Un último apunte queremos hacer siguiendo nuevamente a Eduardo Tejero. Gracias al párroco de Navatalgordo que ejercía en 1758, podemos fechar la más vieja ronda en un pueblo abulense. Informaba el señor cura que, con ocasión de la fiesta de la Virgen de septiembre, se producían “abusos de los mozos que salen a deshoras por las calles juntos, con pandero, sartén y otro instrumento de los que ellos usan, con el título y nombre que ellos dan, de rondar a las mozas del pueblo, cantando a las puertas cantares y coplas bastante nocivas”. ¿Y qué cantares nocivos? Pues que en la calle del señor cura aquella ronda de mucha guasa entonaba esta seguidilla de pique:
 
Ya no se llama calle,
que es gallinero,
porque tiene, padre,
mucho dinero.

Volvamos a escuchar a Quiliano Blanco, no por última vez: “vienen del Alberche los ecos de la ronda del río. El río ronda a la luna llena, pálida enamorada sobre el balcón de Gredos. La seguidilla es suave y mimosa, dice cosas poéticas. Y el calderillo se duerme en un repicoteo quedísimo, todo desmayo y caricia. Pero luego estalla la jota, ágil, saltarina. Ruedan alocadas por las calles las coplas alegres, apasionadas, dinámicas... Y se va la ronda. Se va del brazo de los luceros, como vino. La luna, desde el balcón de Gredos, se ha ido ceremoniosa, patio azul adelante, a decir “buenas noches” al Padre Zapatero...”

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www.santamariadelburgo.com ]
 
Comentarios (1)
Las Jotas de Burgohondo
1 Miércoles, 15 de Julio de 2009 17:54
Mariano "Chorreras"
Las jotas de Burgohondo creo que son las mejores que yo conozco (aunque poco) Claro que hace ya algunos dias que nevó desde que falto de mi pueblico.
Saludos desde la Playa Mariano

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