El abad de Burgohondo (3) Imprimir

Esta semana continuamos la presentación sobre el abad de Burgohondo que comenzamos hace ya hace meses. Se trata ahora de anotar algunos datos sobre los 40 abades que tenemos documentados, a la espera de poder completar la lista definitiva que, como podemos ver, comienza a finales del siglo XI y llega hasta los primeros años del XIX.
 
En 1990, cuando empezamos nuestra investigación, apenas podíamos hablar de 3 ó 4 abades de los más representativos. Hoy nos alegramos de poder hablar de tan interesante relación prosopográfica.
 
Están colocados en función de los años que tenemos documentados. Muchos de ellos, seguramente, estuvieron al frente del monasterio algunos años más, pero damos sólo el dato seguro a la espera de nuevas investigaciones. 

El primer abad, ¿1072- 1109?
En este caso, sólo podemos anotar la fecha del acceso al trono leonés de Alfonso VI y la de su muerte, acaecida en Toledo, donde había entrado victorioso en 1085. Se trata de la única referencia, y ésta no demasiado comprobada, sobre la fundación del monasterio de Santa María. Damos por bueno que en algún momento debió de instaurarse la presencia de un abad por designación del propio monarca quien habría determinado también sus funciones y las rentas asociadas al cargo.
 
El primer documento conocido, 1179. Apenas una referencia que acredite la existencia del monasterio, aunque sin darnos todavía el nombre de ningún abad. El 21 de abril de 1179, el papa Alejandro III confirma al obispo abulense Sancho (1160- 1181) todas las posesiones que ya tiene y le concede la plena potestad a él y a sus sucesores sobre las iglesias de los términos de Ávila, Arévalo y Olmedo, y sobre los monasterios de Santa María de Burgohondo y de Gómez Román.
 
El abad Mateos, 1222. El nombre del primer abad conocido nos ha llegado de mano de un documento hoy desaparecido. Lo recoge extractado Gómez Moreno en el Catálogo monumental de Ávila. Se trata de una carta de donación efectuada por el caballero de Cespedosa, en el término de Ávila, Domingo Domínguez, y sus hermanos, que se dicen hijos de Urraca Romana. Con fecha del 1 de octubre del 1222, todos ellos otorgan al monasterio de Santa María del Fondo la heredad de Torreziella “et otrosí lo de Gómez Nuño, como lo auemos de heredar”. Esto lo dan “por amor de Nuestro Señor Iehu Christo, et de sancta María”, y por sus almas. Se despojan de todo lo mencionado y apoderan a don Matheos, abad de Santa María del Fondo, quien lo recibe por sí y por todo el convento y monasterio, al tiempo que también los recibe a ellos como parientes, como hermanos en lo temporal y en lo espiritual. Ambas partes ponen sus sellos en el documento y también don Pedro, arcipreste de Salvatierra, que actúa como testigo a ruego de todos ellos.
 
Con la lectura de este texto, asistimos a una de las primeras donaciones que recibe el monasterio de las que nos han llegado noticia, al tiempo que descubrimos la alta representación que hace de su convento y monasterio el abad Matheos. El poder del propio abad se manifiesta y consolida también en la aceptación de bienhechores y parientes que acrecientan los ingresos monásticos al tiempo que garantizan la defensa de sus intereses, tanto del convento de Santa María en general como del abad don Matheos en particular.
 
Iohán, ¿prior? del Burgo, 1273. Con fecha del 23 de diciembre del año 1273, el concejo de Ávila redacta un diploma, que conocemos por la confirmación que hace de él el infante don Sancho entre 1275 y 1284, y luego, ya rey, Sancho IV de León y de Castilla, el 10 de abril del 1284. El texto nos ha llegado por la trascripción parcial de Gómez Moreno a principios del siglo XX. Se trata de una carta de donación a favor del monasterio de Santa María que hace el concejo de la ciudad de Ávila, en cuyos límites se encuadra, de dos yugadas de un cierto heredamiento que tenía el prior don Juan de esta abadía: “Dos yunadas del heredamiento, con sus entradas et con sus salidas, et con sus prados, aquello señaladamente que tenía don Iohán, el prior de Santa María del Burgo del (Fondo) que lo aya libre et quede por jurado…etc libre de todo tributo al rey nuestro señor en siete años.”
 
En una lectura rápida podemos afirmar que resulta ambiguo en sus términos por varias razones. En primer lugar porque se refiere a don Iohán como prior del Burgo, no como abad, cuando el superior de la abadía corresponde a esta dignidad, creemos que ya desde su misma fundación. La explicación puede ser doble. Por un lado, pudo suceder que, por algún tiempo, la abadía hubiera perdido parcialmente su independencia, sometiéndose como priorato de otro abad. Cabe otra interpretación, que atiende al hecho de que el mencionado diploma abulense se refiera no a la primera dignidad abacial, sino a la segunda, es decir, al prior del monasterio como cabeza y coordinador del cabildo regular en ausencia del abad. Creemos, que no debe anotarse aquí otra posibilidad más que un simple error del redactor del diploma.
 
Por otro lado, el diploma se refiere a la posesión del mencionado abad -o prior- en pasado: “que tenía don Iohán”. Se puede entender que lo tiene hasta el presente y que por ese motivo se hace ahora una nueva donación, continuación de la que ya venía disfrutando, pero nada obsta para entender que se trató de una propiedad del prior-abad don Juan que, de antiguo, pasó a la jurisdicción directa del concejo y, por ello, nada compromete a que al presente del 1273 siga al frente del cenobio burgondeño el mencionado personaje.
 
Gil, abad deste monesterio, 1292- 1296. La primera noticia que tenemos sobre el abad don Gil aparece en un texto localizado en Ávila. En este diploma, fechado en Arévalo el viernes 1 de febrero de 1292, se recoge la donación que don García, clérigo de Naharros del Monte, hace a Domingo Martín y a la mujer de éste, y prima de aquél, doña Buena, de la mitad de todo lo que poseía para que le cuiden durante toda su vida. El mismo día, los beneficiados lo donan “non lo faziendo con vino nin con locura nin con otro desacuerdo” a don Gil, abad de Santa María del Burgo del Fondo. Cuatro años después, el viernes 15 de junio de 1296, según reza el documento que sigue, se reúne en los lugares de costumbre el concejo de la ciudad de Ávila. Con esta ocasión, acuerda otorgar al monasterio de Santa María la primera torta de pez de cada hornada que se hiciese en todos sus pinares. La razón que se enuncia para este hecho representa la primera referencia explícita a la fundación y a los fundadores del beaterio: “lo fundaron aquellos donde nos venimos et nos somos tenudos de lo mantener.” Se llama precisamente Gil quien, en nombre del monasterio y como procurador del abad de Santa María, solicita del alcalde abulense Ferrand Blázquez, con fecha del lunes 3 de diciembre de 1351, que le sea confirmada esta carta del concejo de Ávila. En el marco de esta confirmación nos ha llegado trasladada la referida noticia. (continuará)
 
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www.santamariadelburgo.com]

 

 

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