El Primer Festival del Piorno y las tinadas de Navalosa Imprimir
[597, 2011 junio 18] Recojo hoy la Carta del Director del Diario de Ávila, Pablo Serrano, sobre el Primer Festival del Piorno de Gredos, que se derarrolló estos días pasados en el tramo de carretera que va desde la Venta Rasquilla hasta Barco. Es verdad que en esta página, más o menos, siempre terminamos haciendo referencia a los pueblos que antes formaron el Concejo del Burgo, pero resulta que también a esta historia se refiere el director del rotativo abulense, cuando insiste en que no podemos olvidar la necesidad de proteger las tinadas o los chozos de Navalosa, construidos, precisamente, con estos piornos. Dice así la carta del día  12:

Siempre he creído que esta crisis tenía mucho más que un componente económico y financiero, aunque en éste se encuentre buena parte del germen del desastre que vivimos. La crisis tiene un ingrediente social que a medio y largo plazo será el legado más importante. Las personas estamos concebidas para crecer y superar las dificultades, y cuánto más complicada es la situación, la propia condición humana saca lo mejor de sí agudizando el ingenio para afrontar de la forma más rentable la continuidad y, en definitiva, la supervivencia.

No quiero extenderme en lo filosófico, pero me parecía interesante hacer esta reflexión personal para destacar y reconocer a todas aquellas personas que en esta época de dificultad real ingenian para sacar mayor provecho de los recursos y las oportunidades. Es una reflexión general que me viene al hilo de una actividad que hace una semana se desarrollaba en el entorno de Gredos donde han querido poner en valor el medio natural de una manera diferente, sin inventar nada, pero estrujando la esencia de la comarca. Me refiero al Primer Festival del Piorno, que aunque se clausuraba el pasado lunes, no era más que el pistoletazo de salida para una iniciativa de la que todos los visitantes y vecinos pueden disfrutar hasta que finalice la temporada de floración, que durará a buen seguro todo este mes y parte del siguiente, y que se abre a modo de ventanas a través de una veintena de miradores a lo largo de la carretera AV-941 que desde la Venta Rasquilla (en la N-502) hasta El Barco de Ávila dibuja el flanco norte de la Sierra de Gredos.

El piorno florece en el monte de forma natural, y el dorado tono que toma la montaña en conjunción casi perfecta con el granito es una explosión de color, como refleja y dibuja Díaz-Castilla en una muestra exclusiva para la ocasión y que aporta una vertiente cultural a este turismo natural. Es lo más parecido a una playa en una montaña, que adquiere hoy un valor más allá del que nuestros antiguos le quisieron dar a estas retamas que se convertían en calor para las chimeneas, en escobas con las que barrer hogares, cuadras y calles o para techar los chozos en los que descansar después de largos jornales en el campo o para dar resguardo al ganado.

La iniciativa ha partido de quienes saben del valor y la riqueza real del entorno natural en el que viven, sus mayores protectores, y que son conscientes de que Gredos es un atractivo todo el año, con el espectacular clima y los eléctricos azules del cielo del verano, los decadentes grises y ocres del otoño, el blanco nevado de las cumbres en invierno, y el dorado regalo del piorno en primavera. Los integrantes de la Asociación de Empresarios de Gredos Norte (Asenorg) pueden estar más que satisfechos por el éxito de una primera edición que, como digo, aún se puede disfrutar, y que además de revalorizar el medio natural del hábitat es una clara demostración de que el esfuerzo, empeño y el ingenio por el aprovechamiento de los recursos son demostración de que aún podemos sorprendernos con iniciativas a pesar del difícil momento en el que nos movemos.

Mencionaba antes que el piorno también sirvió para techar unos chozos que se extienden por toda la comarca, y que para este festival se ha querido reconocer con la recuperación completa de uno de ellos. La memoria es frágil, y ya casi tenemos en el olvido cuando hace tres años, en mayo de 2008, el Procurador del Común de Castilla y León, se pronunciaba a favor de la protección de los denominados chozos de Navalosa, municipio situado en la otra vertiente de la N-502, donde hay una gran concentración de estas construcciones civiles, datados algunos de la época medieval alta, y que son recuerdo de una vida hoy desaparecida vinculada a la agricultura y a la ganadería. El Procurador del Común se sumaba así a instituciones y colectivos que reclamaban la protección de las construcciones por parte de la autoridad competente, la Consejería de Cultura y Turismo de la Junta de Castilla y León.

Cabe esperar de esta iniciativa un empuje al desarrollo del turismo natural y etnográfico de la comarca. Los promotores han demostrado que creen absolutamente en su entorno.    
 

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