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Cuatro crónicas sobre la fundación (IV) PDF Imprimir E-mail
3. "DE LA FUNDAÇIÓN DEL MONESTERIO E YGLESIA MAYOR DE LA ABADÍA” (1588)
 
En el mismo sentido, debemos recuperar la intervención del abad Melchor Pérez de Arteaga quien, en 1588, con ocasión del inicio de la controversia con el obispo de Ávila que provoca la intervención regia que acabamos de abordar, adelanta su peculiar concepción de los hechos fundacionales del cenobio burgondeño. Relata el prelado estos términos en el texto que titula: “Relaçión de la fundaçión, ereciones, exenptiones e yndultos de la abbadía del Burgohondo y sus yglesias.” Dice el abad Pérez de Arteaga, en el capítulo primero, De la fundaçión del monesterio e yglesia mayor de la abadía, que esta comunidad, desde su primera fundación, fue cabildo de canónigos regulares de san Agustín, y su monasterio iglesia regular, donde vivían entonces seis canónigos, cerca de Burgohondo, cabeza de la abadía y del concejo.

En este monasterio, fortificado convenientemente, afirma el abad Pérez de Arteaga, se habrían refugiado los caballeros de Ávila en el transcurso de sus correrías contra los musulmanes de Talavera, plaza conquistada por el mismo rey Alfonso VI en 1083. Luego continúa narrando cómo habría crecido por este motivo, entre otros, la devoción a la imagen de santa María, venerada en el monasterio, jurisdicción secular del propio rey y eclesiástica del abad. ¿Es posible pensar que, de acuerdo a los conocimientos que la investigación histórica nos ofrece sobre el reinado de Alfonso VI, haya podido ser él, o alguien en su nombre, quien fundara y dotara el monasterio sobre el que gira todo nuestro trabajo? Parecía interesante repasar algunos de los rasgos más significativos de la actuación política en relación con la Iglesia y otros monasterios de este rey, a quien se han dedicado numerosos estudios monográficos, a los que remitimos para una comprensión global.
 
No parece fácil comprobar la fundación del cenobio antes del 1085 en que, consolidada la presencia cristiana en Toledo, se inicia la repoblación de la zona septentrional del Sistema Central. No encontramos razones para dar credibilidad al abad Pérez de Arteaga que insinúa –como acabamos de ver– que el monasterio fue plaza fuerte para lanzarse a la conquista de Talavera. En ese momento, la reforma programada por Gregorio VII y auspiciada por los monjes de Cluny, con la anuencia del rey, se ha hecho en tal grado extensa, que parece poco probable la fundación de un cenobio no cluniacense en un espacio de frontera, con evidentes necesidades más allá de las meramente materiales.
 
Sólo queda plantear que sea precisamente la libertad que ofrece la regla de san Agustín la que se necesitara en esta aparente incertidumbre fundacional como descubrimos en otros monasterios de frontera, como el de Santa María de Buenafuente, en Guadalajara. No podemos descartar la posibilidad de que el rey Alfonso VI, tras la toma de Toledo, se haya podido encontrar, dispersas entre los más que recónditos territorios de la cabecera del Alberche, poblaciones mozárabes, más o menos arabizadas, incluso eremitas cristianos y restos poblacionales visigodos, para los que la fórmula de los clérigos de san Agustín, congregados en una abadía con grandes dosis de autonomía apostólica, en lugar del modelo monástico de Cluny, representara más fácilmente la posibilidad de organización.

Si admitimos la validez de la afirmación del abad Pérez de Arteaga, en consonancia con aquella otra del cronista de Felipe III, el monasterio de Santa María habría sido fundado por el rey Alfonso VI en la franja cronológica que va desde el año 1085 y el 1109, o incluso antes, si acaso sirviera como refugio para las tropas que, junto al monarca leonés, entraron en Talavera en 1083. No encontramos otros resortes históricos que sustenten este dato.

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Calvo Gómez, J. A. “Un discurso de Felipe III sobre el patronato regio de algunos monasterios e iglesias de fundación medieval (Valladolid 1604)”. Revista Española de Derecho Canónico vol. 64, 163 (2007), p. 845- 871.
www.santamariadelburgo.com ]
 

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