| Carmen García, una burgondeña de 100 años |
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Cuenta Beatriz Lorenzo en El Diario de Ávila que ayer fue un día muy especial para Carmen García Jiménez que vio cómo la vida le premiaba con haber alcanzado la cifra de 100 años. Un cumpleaños que festejó con sus compañeros de la Residencia Virgen de los Remedios de Sotillo, donde vive, y al lado de Lorenzo, uno de sus hijos.Carmen nació en Burgohondo el 18 de febrero de 1909: allí sus padres tenían una venta ubicada a 17 kilómetros de Ávila. Un mozo de Niharra, Adolfo Vallejo, fue su novio y enseguida contrajeron matrimonio, el 29 de septiembre de 1929; en Ávila se casaron y allí se quedaron a vivir, fijando su residencia en la calle San Segundo, 5.
El 9 de abril de 1931 nació el primero de sus hijos, Sonsoles, ya fallecida, y después, el 10 de agosto de 1932, Lorenzo, y finalmente, el 27 de agosto de 1946, José Luis. En el año 1942, se trasladaron a Sotillo porque el cabeza de familia «era funcionario de Obras Públicas y fue destinado como capataz a esta zona», y establecieron su residencia en la calle Mártires. Carmen puede presumir de ser la primera peluquera que hubo en la zona, y ejerció su profesión durante 20 años. Afirma que «he trabajado mucho, yo era más que peluquera», y se siente satisfecha por haber dejado «bien guapas a las mujeres de la zona».
Esta centenaria se encuentra «bien de salud aunque le falla la memoria» explica su hijo Lorenzo, y «puede presumir de haber sido una gran trabajadora. Yo recuerdo especialmente, que dominaba muy bien el ganchillo, ha hecho cientos piezas de labores». Carmen tiene cinco nietos (Ángel, Sonsoles, Bernardino, Bárbara y Elena) y siete biznietos, y «nos mostramos muy orgullosos de mi madre por haber tenido esta familia. Es muy buena madre», comenta Lorenzo, uno de sus vástagos.
Carmen se mostraba emocionada por su siglo de vida, aunque como ella dice en tono de broma, «no es verdad que haya cumplido 100 años porque ya no se cumplen más de 75, tendré que ir a certificar que ya son cien años los que tengo». «Las cosas no han cambiado tanto desde entonces pero sí han evolucionado, como los coches, la electricidad, los teléfonos que no tienen cables, ahora tenemos de todo» explica, y que «llevo una vida tranquila en la residencia, en la que estoy muy contenta y me tratan muy bien. Nos dan bien de comer y nos atienden en todo».
Ayer el personal de la residencia y sus compañeros, le tributaron un homenaje; le colocaron una corona, le dieron un diploma conmemorativo y un regalo, y su hijo Lorenzo se sumó a esta celebración. El sábado se reunirá con toda su familia para celebrar su onomástica. El marido de Carmen, Adolfo, fue también muy longevo pues falleció en 1997 a la edad de 97 años. Y es que quizá el secreto de la longevidad de este matrimonio resida en el hecho de «haber sido feliz y de haber sido feliz». |
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