| Artículo de fondo: Justicias e injusticias de los espacios naturales protegidos |
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[507, 2011 febrero 14] Estos días de atrás me he interesado un poco más por todo lo que rodea la gestión del parque natural de la Sierra de Gredos (ley 3/1996) y de la reserva natural del Valle Iruelas (ley 17/1997). Me parece muy interesante constatar cómo, poco a poco, se van elaborando planes de protección, promoción y desarrollo de estos espacios. Si, a estos dos, unimos los espacios naturales protegidos de La Sierra de la Paramera y La Serrota (ley 8/1991), en la que estos días se han plantado un buen número de árboles (más de 600.000), y el Pinar de Hoyocasero (ley 8/1991), resulta que nos econtramos que el Alto Alberche, en un organigrama verdaderamente privilegiado, se encuentra flanqueado por cuatro de los cinco espacios naturales protegidos (según distintas categorías) de la provincia de Ávila (sólo habría que añadir la Sierra Norte de Guadarrama, que compartimos con Segovia), de los 29 que se anotan en toda la Comunidad de Castilla y León. Además de garantizar la conservación de la biodiversidad de este territorio, creo que las posibilidades para el desarrollo de la comarca son inmejorables (rutas, casas rurales, recursos públicos...) La pregunta que me asalta es la siguiente: cómo es posible delimitar estos espacios de Alta Montaña para la protección de su fauna y flora autóctonas y olvidar los valles centrales, las gargantas y el río Alberche de los planes de protección y desarrollo que disfrutan las cumbres. ¿Es que la naturaleza tiene puertas? ¿Acaso los buitres de Iruelas dejan de volar cuando llegan al límite del parque? ¿Acaso el río es unas veces de un color y otras de otro? Entonces, ¿por qué se pueden entregar cantidades tan suculentas a algunos ayuntamientos, elaborar programas de protección para algunos espacios, guías de turismo, recursos contra incendios... mientras los terrotorios intermedios quedan olvidados, a su suerte, y sin recursos para afrontar sus propias necesidades? El que pueda, que me conteste. |
En cuanto a la biodiversidad,si nos referimos al lobo,creo que cabría pensar que la reintroducción de esta especie está muy bien,siempre que se indemnicen con justicia y prontitud los daños causados.Si la respuesta es decir al ganadero que sus ovejas las diezman los perros abandonados por sus dueños,mal andamos.
San Juan de la Nava independiente.