Carlos del Peso Taranco, Revista de Folklore 265 (2003) 10-15
Arriba con la cuadrilla
que es la que divierte al pueblo:
la guitarra, la bandurria,
el calderillo y los yerros.
Intentar esbozar en unas pocas líneas la importancia que tiene La Ronda de Navalmoral es tarea harto difícil. La música tradicional forma parte de las señas de identidad de todo un pueblo y Navalmoral, como todo el Valle del Alberche, es especialmente interesante. Su secular abandono y aislamiento han favorecido que se mantuvieran, hasta hace poco tiempo, usos y costumbres ancestrales que han conformado la cultura propia de esta zona serrana abulense.
La riqueza de este rico acervo musical se plasma en la multitud de ritmos, sonoridades y estructuras musicales que se han mantenido durante siglos transmitidos de boca en boca y de generación y generación. Buena muestra de ellos son las canciones de trabajo (segadoras de la hierba y de la hoz)(1), las nanas, los cantos de rabel(2), las canciones de boda (con todo un complejo y olvidado ritual alusivo), el romancero (con pervivencias de versiones de antiguos romances ya documentados en el siglo XV como el Romance de la Dama y el Pastor), las canciones infantiles, los cantos ligados al ciclo festivo anual (con especial importancia los que acompañaron a la liturgia cristiana: gozos de San José, cantos de Semana Santa, rogativas a la Virgen de Aldeavieja, villancicos... y aquellos que tenían que ver con las fiestas de quintos y carnavales), y por último, la música vocal e instrumental utilizada para la ronda.
La Ronda de Navalmoral participa de las características comunes de las rondas del Sur de Avila. Agrupaciones que actúan sobre la base de los instrumentos de cuerda que acompañan al cantor que va desgranando copla tras copla, arropado por la música de guitarras, laúdes y bandurrias y marcada rítmicamente por sonoridades tan típicas como las del calderillo o los yerros.
El instrumento más característico de la ronda, la guitarra, aparece ya popularizado en el siglo XVII y era común que acompañara a ciegos, barberos y rondadores (3). Las bandurrias, tal y como las conocemos hoy en día, se asientan de forma definitiva en el panorama musical español durante el siglo XVIII y forman parte desde el principio, de las rondallas estudiantiles y populares aunque también se las consideró instrumentos de concierto. El laúd se añade a las rondas posteriormente, ya en el siglo XIX. Mucho más modernamente (finales del siglo XIX, principios del siglo XX) aparecen nuevos instrumentos en las rondas, como es el caso del violín (presente en algunas como en la de Casavieja) o el acordeón (que ya se documenta en la Ronda de El Barraco (4) a principios del siglo XX). Todos estos instrumentos melódicos son acompañados, en las rondas abulenses, por los sones rítmicos protagonizados principalmente por el metal: el calderillo y los yerros. Estos no son los únicos pues panderos y zambombas de grandes dimensiones (especialmente en las rondas de Navidad y Reyes), castañuelas, tapaderas, sartenes, cántaros soplados, botellas rasgadas o almireces y morteros han sido utilizados en numerosas ocasiones arropando a las cuerdas en las rondallas populares. Excepcionalmente, como en el cercano San Juan de la Nava, los rondadores iban con instrumentos poco habituales en las rondas del Sur de Avila: la gaitilla y el tamboril, a los que se les adjudicaban papeles musicales ajenos a estos menesteres como eran las dianas, procesiones, danzas o bailes de plaza.
En cuanto al corpus temático más propio de la ronda, el esquema se repite en la mayoría de las poblaciones serranas. Son propias de la ronda aquellas tonadas cuya principal función es rondar, aunque en muchos casos estos mismos temas pueden acompañar el baile (5). Es muy común que la pieza principal de la ronda sea una amalgama de ritmos generalmente ternarios. La más usual en el Valle del Alberche y en el del Tiétar, es aquella formada por las seguidillas (6) y jota (7) (estructura que se repite en otras provincias de la Meseta Sur: Madrid, Guadalajara, Toledo...) aunque no es extraño que se acompañe del conocido Romance (8), con largos sostenidos en los que el cantor se luce personalmente y que en el Valle del Alberche ha mantenido su tonada en los conocidos "Sacramentos" de la ronda burgueña mientras que otras como la de Piedralaves, Casavieja y Mijares usan interesantes versiones del romancero hispánico: "Las señas del esposo" o "Amnón y Tamar" por citar algunos, junto con cantos religiosos como "El Arado" o incluso conocidos versos de Lope de Vega (variantes populares de sus Rimas Sacras publicadas en 1614).
Junto a esa mezcolanza de ritmos usada como temas centrales de rondas aparecen en el repertorio propio de las cuerdas, otros de gran interés, algunos de ellos bailables y otros de lucimiento personal. Entre los primeros, la conocida rondeña, verata o malagueña que posiblemente tenga su origen en el fandango manchego desde donde se dispersó hacia el sur, hasta las costas andaluzas y murcianas y hacia el norte, hasta las estribaciones del Sistema Central, tomando en cada comarca sus propias peculiaridades. Claros ejemplos de rondeñas permanecen vivos en algunas rondas del Valle del Alberche como son las de Burgohondo, Navatalgordo, El Tiemblo o Serranillos. Este tema, acompañó también a la ronda de Navalmoral hasta el primer cuarto de siglo, desapareciendo después de la Guerra Civil. Y en cuanto a los temas de lucimiento personal, citar las conocidas rondas de arriba o de abajo (9) interpretadas sólo con el acompañamiento de la guitarra. Estas rondas eran rondas individuales y aparecen también en otras provincias limítrofes como es el caso de Segovia. En Navalmoral, las rondas de guitarra de carácter solista se perdieron en los años setenta a favor de un repertorio de ronda más colectivo que acompañara el baile. Este repertorio propio de las rondallas del sur de Avila se complementa con algunas piezas para el baile como son el Baile de Tres en las Navas del Marqués, o El Rondón en Cebreros y con otros temas de ronda de tipo enumerativo como son "Las horas del Reloj" (canto de ronda de Hoyocasero), "Los Sacramentos" o "Los Mandamientos" muy difundidos por toda Castilla y León, y "El Retrato" (10) que en Navalmoral se ha conservado con base musical de seguidilla y en el que se describe minuciosamente las facciones de la dama que se ronda (es este un tema escaso en la provincia de Avila y que aparece en Guadalajara y La Mancha enlazado con el canto de ronda de Los Mayos).
A estas piezas de ronda se añadía en Navalmoral, la conocida "Jota Callejera", de carácter más libre, utilizada como tema preferido para ir cantando por la calle mientras la ronda se desplazaba de una casa a otra.
El acompañamiento al baile, en Navalmoral, fue especialmente importante después de la Guerra Civil, dentro del contexto de recuperación de tradiciones marcado por las pautas de la Sección Femenina (11). Esta recuperación del saber tradicional no fue siempre del todo acertada y de esta época son muchos de los "arreglos" que han llegado hasta nosotros confundiéndose con lo verdaderamente auténtico y propio. Bailes nuevos sobre temas de la tradición, con extrañas coreografías como "Los Sacramentos" o temas que se han incorporado recientemente a la tradición oral como "La Era", junto con cambios en la indumentaria que empobrecían la variedad del vestir serrano, son claros ejemplos. Con todo, la labor de difusión de la música tradicional de Navalmoral durante estos años de posguerra fue encomiable y traspasó los escenarios propios para los que se había creado(12), siendo meritorio el esfuerzo de toda la gente que participó, junto con la ronda, en la difusión de esta identidad cultural propia.
Acompañando a este repertorio tan típico de cuerda, existen muchos otros temas de ronda interpretados bien a "capella" (con ritmos cadenciosos y melismáticos), bien con el único acompañamiento de instrumentos idiófonos. Bellísimos ejemplos de estas rondas permanecen vivos en pueblos como Serranillos, Hoyocasero o Navalacruz por citar algunos, junto con la conocidísima Ronda de Los Pastores de Casavieja, acompañada de cuadrillas de zambomberos con un interesante repertorio navideño.
Las rondas colectivas, de rondalla y cantores, suelen cantarse a coro. Aunque contienen diferentes estrofas repartidas entre los distintos acompañantes, éstas constituyen un repertorio colectivo conocido por todo el pueblo a las que cada uno marca con su estilo propio de interpretación. La improvisación en el cante, dentro de unas normas por todos conocidas, es una de las peculiaridades de los cantantes de la ronda al que acompañan los tocadores y bailadores. Este modo de cantar denotaba profesionalidad y conocimiento del estilo propio tanto en cantadores como en tocadores y bailadores que interpretaban los temas a la perfección, siguiendo siempre las pautas de la voz. Desgraciadamente, se ha perdido esta forma característica de cantar, favoreciendo hoy en día, un cante y baile mucho más estereotipado que en muchos casos, está lejos de la tradición antigua. La gran mayoría de temas repiten una estructura de cante similar, empezando con coplas alusivas a la licencia o empiece, como éstas pertenecientes a las seguidillas (13):
Si quieres que te cante
la primerita
son tus ojos dos pilas
de agua bendita.
La primera entradilla
que el amor tiene
santas y buenas noches
tengan ustedes.
O estas otras de la jota, donde era muy común que los cantores pidieran la entrada con un "voy":
En nombre de Dios comienzo
y el de la Virgen María
que soy como el escribano
que primero hace la guía.
En nombre de Dios comienzo
que es bueno de comenzar
si bueno es este principio
mejor será el acabar.
Intercalando posteriormente estrofas (muchas con base en la rica lírica castellana) interpretadas por distintos cantores para avisar, con una de ellas, que se cambia de ritmo hacia otro tema:
Te canto otra,
te canto otra,
tras de la seguidilla
viene la jota.
Mudo tonada,
mudo tonada
con licencia o sin ella
ya va mudada.
Y al final coplas referidas a la terminación de la pieza, que en ocasiones hacían alusión al que había solicitado la ronda o simplemente a la fecha en que se cantaba.
Si quieres saber María,
quién la ronda te ha traido
Mariano tiene por nombre
tú sabrás el apellido.
Allá va la despedida
con la mano en el bolsillo
quédate con Dios, María,
que mañana es el día El Niño.
En ocasiones las estrofas hacían referencia al tema interpretado. Es el caso de estas estrofas incluidas siempre en la rondeña:
La rondeña malagueña
¿en dónde la has aprendido?
en la orillita del mar
a la sombra de un olivo.
Estas si que son veratas,
que han venido de Madrid
han pasado por El Tiemblo
y desde El Tiemblo hasta aquí.
Cuando los temas poseían estribillos cantados, estos eran coreados por todo el pueblo (es el caso de algunas veratas, jotas o cantos de carnaval).
En cuanto a las fechas características de ronda, comentar que ésta solía salir especialmente durante el ciclo de invierno, cuando las labores agrícolas dejaban más tiempo para el ocio. Especialmente importantes eran las rondas de Nochebuena y Nochevieja ligadas a las fiestas de quintos. La última noche del año se juntaba la quinta saliente con la quinta entrante para cantar la ronda siendo en muchos casos motivo de disputa y pelea.
Los enfrentamientos entre distintas rondas de una misma localidad han sido recogidos en la literatura de tradicional oral en numerosas ocasiones, como lo reflejan estas cuartetas de las rondas de Serranillos y Navalmoral:
La ronda y la contrarronda
ninguno las mete mano.
La ronda la traigo yo
la contrarronda mi hermano.
Mozos viejos a acostar
y afilad bien los puñales
que esta noche va a salir
la ronda de los chavales.