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Antropología Alto Alberche
Navalosa: cultura ganadera del Alto Alberche (2 de 2) PDF Imprimir E-mail

La tinada se acompaña de diversos complementos que procuran la mejora de la guarda del ganado. Lo habitual es que la tinada esté prácticamente rodeada por un corral de grandes dimensiones que cerca, mediante pared de piedra, un espacio en que se acumulan los muladares del estiércol, se colocan las yuntas, se cargan y descargan los carros, etc. Normalmente presentan dos entradas, protegidas por sendas puertas de madera, que corresponden al paso de los carros y de los hombres respectivamente.

En las esquinas del corral, apoyado en uno de los lados de la tinada, se encuentra el guango. En barrios de las Umbrías del término del Burgo, como Bajondillo o Fuente Buena, el guango se coloca a la puerta de las casas. Este cobertizo alargado y no muy ancho está cubierto a dos aguas mediante el mismo piorno que cubre la tinada. El guango se emplea para guardar el carro y los aperos de labranza que, por su peso, no pueden colocarse en el doblao.
 
Es habitual también la presencia de una caseta, además del guango, de dimensiones reducidas, junto a las tinadas, elaborada mediante pesados techos de losas graníticas a salvo de incendios, que se utiliza como cobertizo para los pastores y vaqueros en tiempos fríos sin perder de vista el ganado. La agrupación de tinadas permite que, con pocas personas, se pueda defender la propiedad de varias familias sin exigir el sacrificio diario de todos los propietarios del ganado.
 
Al permanecer agrupados en barrios, se evita que los animales tengan que acudir al pueblo. Pero se exigen otros servicios que antes se prestaban en el núcleo urbano. Tal es el caso de los potros de herrar. El potro es el instrumento que el herrero, que iba de pueblo en pueblo, utilizaba para herrar a los bovinos de tiro. Debido a lo abrupto del terreno, los animales precisaban de tal complemento para evitar que la pezuña se les desgastase demasiado. El potro consta de cuatro vigas de piedra, hincadas en tierra, que se colocan formando un rectángulo en que se introduce el animal. Un yugo con coyunda, soportado por los dos primeros postes, sirve para amarrar la cabeza del bovino mediante cinchas de cuero. Diversos bloques de piedra, a modo de asientos, completan la estructura. En ellos se apoyan las pezuñas para trabajar con seguridad.
 
La identificación de los animales no conlleva menores preocupaciones. Cada dueño conoce su ganado, incluso le pone nombres cariñosos: Estrella, Lucera, etc., pero las marcas externas se hacen necesarias en un sistema comunitario de interacción local. Hay ocasiones en que los ganados invaden los terrenos de labor o que se mezclan con otros en los caminos, o cabras y ovejas paridas que hay que conocer. Pequeñas marcas en los lomos así como cortes en las orejas facilitan el reconocimiento para despejar responsabilidades, aclarar propiedades o localizar las crías de las extraviadas madres.
 
La actividad ganadera ha influido también en la organización social. Ha influido en el tipo y modelo de relaciones que se establece entre las distintas familias que configuran la comunidad, como también en el tipo concreto de familia existente. Esta misma expresión se deja ver en las diversas representaciones simbólicas, que incluyen desde fiestas religiosas hasta celebraciones paganas, cuya manifestación más destacada son los cucurrumachos de Navalosa, que nos han ocupado líneas arriba. Estos cucurrumachos, lo hemos dicho ya, se encuentran relacionados directamente con la actividad ganadera.
 
La tradición oral, que ha ido tomando cuerpo en historias, cuentos, romances, consejas y leyendas, incide aún más en la importancia del ganado en la vida de los serranos moradores del Alto Alberche.
 
Hoy, sin embargo, la cultura de la modernidad, de la cómoda vida ciudadana, rompe definitivamente la estructura de existencia que se congrega en torno al ganado, en torno a los viejos pastores de las majadas del Alberche. La cultura ganadera se desintegra, las tinadas sucumben, indefensas, bajo el peso de la desafección, los potros se cubren de maleza y aquellos hermosos molinos de las sombrías riberas se tornan deformes amasijos de piedra y sedimentos. Ya no hierran los herradores del Burgo, ni llevan agua las viejas mulas de Navalacruz; los molineros de Puente Arco, del Rohete, o de la Mata han dejado su labor sin acabar. Hasta las ferias del Valle que tanto ganado congregaban han perdido su genuino sentido de comercialización e intercambio.
 
Bien se podría cantar ahora, como retazos de un mundo perdido, aquellas tonadillas que también sonaron en estas majadas, heredadas tal vez de los valles del sur, cuando se ponía en marcha la trashumancia de ganados hacia las cálidas tierras extremeñas:
 
Ya se van los pastores
a la Extremadura.
Ya se queda la tierra
triste y oscura.
Ya se queda la sierra
triste y oscura.
 
José Antonio Calvo Gómez
 
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El Valle alto del Alberche es ganadero, especialmente ganadero, al menos lo fue en un momento de su historia más cercana. La sierra es sobria, ruda, escarpada. En ella es poco el grano que se puede recoger de cada sementera. Sólo los fugitivos retoños de unas escasas malezas sobreviven al duro invierno que se llega amenazante y frío de quebradiza nieve y escarchados temperos. El hielo está presente en la sierra ocho meses al año y las temperaturas raramente sobrepasan los 10º a lo largo del resto del tiempo. 
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De conjuros, creencias y oraciones en Navalmoral de la Sierra PDF Imprimir E-mail
Cuando el sol y el hielo de los primeros meses del año curaban la matanza colgada al humo de la chimenea o al oreo en las latas del sobrao, cuando los días son menguados y la lumbre acompañaba las tardes, se solía entretener a los muchachos al amor de la piedra del hogueril, con fantásticas historias y cuentos. Como platos se me ponían los ojos, ya de mocito, siempre que pedía a mi padre que me contara, mil y una veces, las historias del solocho y bobo Muñumé (que la tradición sitúa nacido en Mamblas, aunque su origen está en el pueblo morañego de Muñomer del Peco) o los trapicheos de Pedro Malas (el conocido Don Pedro de Hurdemalas personaje del siglo de Oro hispano). Cuentos que oyó, a buen seguro de pequeño, cuando no había otra forma de entretenerse. Más intriga sentía yo, por las historias fantásticas que me relataban en la Costanilla, refiriendo con todo lujo de detalles, las creencias antiguas sobre embrujos, mal de ojo y otros menesteres brujeriles, trasladándome de golpe a siglos lejanos, aunque estuviéramos acabando el siglo XX.
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San Roque y su ermita como lugar de apropiación PDF Imprimir E-mail

"Cuando san Roque vuelve la espalda, el tiempo cambia"

Compleja experiencia representa la figura de San Roque en Burgohondo; larga la tradición en la ancha Castilla. Santo milagrero, protector de la frontera, baluarte defensivo contra la temida pestilencia. Todo un poco es San Roque para esta Villa que le honra en agosto cuando ya la fiesta mariana va dejando de oírse en la distancia.

Existe un intenso caudal de leyendas, tradiciones ancestrales, devociones antiguas, que conectan la presencia de la divinidad, de lo sagrado –lugar hierofánico– con la frontera de los pueblos, con el “límite” real o imaginario. También con la vía de comunicación entre pueblos enfrentados que litigan por la propiedad de una imagen como símbolo de su particular señorío. Hechos extraordinarios acompañan a su manifestación que se mantienen y recrean en leyendas cargadas de localismos semejantes a otras tierras castellanas.

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