ja_mageia

Inicio Antropología Alto Alberche
Antropología Alto Alberche
Burgohondo en ferias. Economía ganadera del Alto Alberche PDF Imprimir E-mail

Si vacas, cabras, ovejas, burros, mulos y caballos han formado en un momento de la historia parte esencial de la cultura ganadera del Alto Alberche, los intercambios que de ellos se hace en las numerosas ferias y mercadillos del Valle constituyen el eje vertebrador más importante de la economía serrana de estos contornos. Numerosas localidades celebran ferias: Navarrevisca, Navalmoral de la Sierra, etc., pero especialmente Burgohondo. Grandes son las ferias del Burgo de las que se dice cuentan con regia concesión de privilegio para intercambio libre de productos agropecuarios. También los miércoles hay mercadillo en Burgohondo, pero no es ésta la ocasión de narrarlo.

Ha terminado el verano en el Valle alto del Alberche. La despensa se ha ido llenando, poco a poco, con los productos de la tierra. Las crías del ganado han crecido ya lo suficiente como para poder obtener de ellas pasadera rentabilidad. Con las ferias del Burgo, del 17 al 19 de octubre, se completa el ciclo de intercambios que prepare la economía familiar para el invierno que se adentra. También hubo ferias en mayo, del 22 al 24, que ayudaron a establecer el primer aporte de productos y materiales con que afrontar el paso del verano. Los frutos del esfuerzo están ya aquí y llega el momento de cobrarlos.
 
El día señalado, apenas amanecido, se pone en marcha la caravana. Las ovejas y las cabras llegan en camiones. También algunas vacas. Pero la mayoría del ganado es transportado andando por las brechas que hacen más cercanos los distintos pueblos del Valle. Algunas vacas han dormido ya en el Burgo apostadas en prados cercanos para lo que también se ha convenido un trato entre los dueños. El lugar elegido es el cerro del Zaire, que nombraran los mismos musulmanes en el lejano medievo castellano. Zaire, que en árabe significa panera, rememora una vez más viejas leyendas de pastores y labriegos de estas austeras laderas de las estribaciones de Gredos.
 
Perros, gallos, y la figura horrenda y maloliente de un macho cabrío con un enorme cencerro, que antaño guiaba el rebaño, completan el cuadro de animales. A las doce del mediodía la feria está en el momento más álgido. Los tratos empiezan a cerrarse, suena la flauta y el tamboril, la gente se amontona para ver las peleas de gallos, los jinetes hacen cabriolas con los caballos mostrando sus habilidades,... Se deja oír alguna melodía de la tierra:
 
¿Qué quieres que te traiga, que voy de feria?
Un para de zapatillas con unas medias.
Anda salud, andar y brincar y andar por el campo.
Dile a esa amiga tuya que te acompañe.
¿Que quieres que te traiga que voy al Burgo?
Un par de zapatillas que vale un duro.
Anda salud, andar y brincar y andar por el campo.
Dile a esa amiga tuya que te acompañe.
 
Los tratos no se hacen inmediatamente. El forcejeo en el precio hace que la mañana se vaya alargando hasta que los buhoneros llegan a un acuerdo. Se observan los animales, se opina y discute sobre ellos. Un sencillo apretón de manos delante de testigos es suficiente para cerrar una compra bien hecha. El trato está realizado. No hay vuelta atrás. Un buen vaso de vino alegra el reseco gaznate de los tratantes en los provisionales puestecillos que se acumulan junto a la carretera que une Ávila con la vecina Casavieja, al otro lado de la sierra.
 
También se venden otros productos, relacionados con el ganado: cestas de mimbres, alforjas, cencerros, correas, y todo tipo de objetos de cobre y madera. Hoy se ha creado un espacio para la venta de modernas maquinarias de labor, ordeño o esquileo. Todo el ambiente resuena a fiesta ambientada por las conocidas tonadillas de dulzaina y tamboril.
 
La fiesta continúa en la plaza de toros, que permanece instalada desde las fiestas de septiembre. Se lidian bravos novillos que atraen la atención de un buen número de paisanos y foráneos en torno a los aplausos y silbidos del coso burgondeño. Bataholas, jaranas y chirimías se escuchan en el Valle como reverberaciones de regodeo jubilar. Los calores estivales han quedado atrás aparcando consigo las duras tareas agrícolas. La fiesta llena, de nuevo, por unas horas, la calada paz de la Villa.
 
Concluimos con Espina Barrio afirmando que, si la función que antaño cumplían estas ferias era primordialmente económica, en la actualidad ponen de manifiesto un interés marcadamente simbólico por la ganadería. Aparte de constituir un acto social de tipo comarcal en el que entran en contacto diversas familias y pueblos, se traspasan noticias y se compite con un ganado, por lo general bien cuidado, que más que a venderse, parece que, meramente, viene a mostrarse.
 
Navalosa: cultura ganadera del Alto Alberche (2 de 2) PDF Imprimir E-mail

La tinada se acompaña de diversos complementos que procuran la mejora de la guarda del ganado. Lo habitual es que la tinada esté prácticamente rodeada por un corral de grandes dimensiones que cerca, mediante pared de piedra, un espacio en que se acumulan los muladares del estiércol, se colocan las yuntas, se cargan y descargan los carros, etc. Normalmente presentan dos entradas, protegidas por sendas puertas de madera, que corresponden al paso de los carros y de los hombres respectivamente.

En las esquinas del corral, apoyado en uno de los lados de la tinada, se encuentra el guango. En barrios de las Umbrías del término del Burgo, como Bajondillo o Fuente Buena, el guango se coloca a la puerta de las casas. Este cobertizo alargado y no muy ancho está cubierto a dos aguas mediante el mismo piorno que cubre la tinada. El guango se emplea para guardar el carro y los aperos de labranza que, por su peso, no pueden colocarse en el doblao.
 
Es habitual también la presencia de una caseta, además del guango, de dimensiones reducidas, junto a las tinadas, elaborada mediante pesados techos de losas graníticas a salvo de incendios, que se utiliza como cobertizo para los pastores y vaqueros en tiempos fríos sin perder de vista el ganado. La agrupación de tinadas permite que, con pocas personas, se pueda defender la propiedad de varias familias sin exigir el sacrificio diario de todos los propietarios del ganado.
 
Al permanecer agrupados en barrios, se evita que los animales tengan que acudir al pueblo. Pero se exigen otros servicios que antes se prestaban en el núcleo urbano. Tal es el caso de los potros de herrar. El potro es el instrumento que el herrero, que iba de pueblo en pueblo, utilizaba para herrar a los bovinos de tiro. Debido a lo abrupto del terreno, los animales precisaban de tal complemento para evitar que la pezuña se les desgastase demasiado. El potro consta de cuatro vigas de piedra, hincadas en tierra, que se colocan formando un rectángulo en que se introduce el animal. Un yugo con coyunda, soportado por los dos primeros postes, sirve para amarrar la cabeza del bovino mediante cinchas de cuero. Diversos bloques de piedra, a modo de asientos, completan la estructura. En ellos se apoyan las pezuñas para trabajar con seguridad.
 
La identificación de los animales no conlleva menores preocupaciones. Cada dueño conoce su ganado, incluso le pone nombres cariñosos: Estrella, Lucera, etc., pero las marcas externas se hacen necesarias en un sistema comunitario de interacción local. Hay ocasiones en que los ganados invaden los terrenos de labor o que se mezclan con otros en los caminos, o cabras y ovejas paridas que hay que conocer. Pequeñas marcas en los lomos así como cortes en las orejas facilitan el reconocimiento para despejar responsabilidades, aclarar propiedades o localizar las crías de las extraviadas madres.
 
La actividad ganadera ha influido también en la organización social. Ha influido en el tipo y modelo de relaciones que se establece entre las distintas familias que configuran la comunidad, como también en el tipo concreto de familia existente. Esta misma expresión se deja ver en las diversas representaciones simbólicas, que incluyen desde fiestas religiosas hasta celebraciones paganas, cuya manifestación más destacada son los cucurrumachos de Navalosa, que nos han ocupado líneas arriba. Estos cucurrumachos, lo hemos dicho ya, se encuentran relacionados directamente con la actividad ganadera.
 
La tradición oral, que ha ido tomando cuerpo en historias, cuentos, romances, consejas y leyendas, incide aún más en la importancia del ganado en la vida de los serranos moradores del Alto Alberche.
 
Hoy, sin embargo, la cultura de la modernidad, de la cómoda vida ciudadana, rompe definitivamente la estructura de existencia que se congrega en torno al ganado, en torno a los viejos pastores de las majadas del Alberche. La cultura ganadera se desintegra, las tinadas sucumben, indefensas, bajo el peso de la desafección, los potros se cubren de maleza y aquellos hermosos molinos de las sombrías riberas se tornan deformes amasijos de piedra y sedimentos. Ya no hierran los herradores del Burgo, ni llevan agua las viejas mulas de Navalacruz; los molineros de Puente Arco, del Rohete, o de la Mata han dejado su labor sin acabar. Hasta las ferias del Valle que tanto ganado congregaban han perdido su genuino sentido de comercialización e intercambio.
 
Bien se podría cantar ahora, como retazos de un mundo perdido, aquellas tonadillas que también sonaron en estas majadas, heredadas tal vez de los valles del sur, cuando se ponía en marcha la trashumancia de ganados hacia las cálidas tierras extremeñas:
 
Ya se van los pastores
a la Extremadura.
Ya se queda la tierra
triste y oscura.
Ya se queda la sierra
triste y oscura.
 
José Antonio Calvo Gómez
 
Navalosa: cultura ganadera del Alto Alberche (1 de 2) PDF Imprimir E-mail

El Valle alto del Alberche es ganadero, especialmente ganadero, al menos lo fue en un momento de su historia más cercana. La sierra es sobria, ruda, escarpada. En ella es poco el grano que se puede recoger de cada sementera. Sólo los fugitivos retoños de unas escasas malezas sobreviven al duro invierno que se llega amenazante y frío de quebradiza nieve y escarchados temperos. El hielo está presente en la sierra ocho meses al año y las temperaturas raramente sobrepasan los 10º a lo largo del resto del tiempo. 
Leer más... [Navalosa: cultura ganadera del Alto Alberche (1 de 2)]
 
De conjuros, creencias y oraciones en Navalmoral de la Sierra PDF Imprimir E-mail
Cuando el sol y el hielo de los primeros meses del año curaban la matanza colgada al humo de la chimenea o al oreo en las latas del sobrao, cuando los días son menguados y la lumbre acompañaba las tardes, se solía entretener a los muchachos al amor de la piedra del hogueril, con fantásticas historias y cuentos. Como platos se me ponían los ojos, ya de mocito, siempre que pedía a mi padre que me contara, mil y una veces, las historias del solocho y bobo Muñumé (que la tradición sitúa nacido en Mamblas, aunque su origen está en el pueblo morañego de Muñomer del Peco) o los trapicheos de Pedro Malas (el conocido Don Pedro de Hurdemalas personaje del siglo de Oro hispano). Cuentos que oyó, a buen seguro de pequeño, cuando no había otra forma de entretenerse. Más intriga sentía yo, por las historias fantásticas que me relataban en la Costanilla, refiriendo con todo lujo de detalles, las creencias antiguas sobre embrujos, mal de ojo y otros menesteres brujeriles, trasladándome de golpe a siglos lejanos, aunque estuviéramos acabando el siglo XX.
Leer más... [De conjuros, creencias y oraciones en Navalmoral de la Sierra]
 
San Roque y su ermita como lugar de apropiación PDF Imprimir E-mail

"Cuando san Roque vuelve la espalda, el tiempo cambia"

Compleja experiencia representa la figura de San Roque en Burgohondo; larga la tradición en la ancha Castilla. Santo milagrero, protector de la frontera, baluarte defensivo contra la temida pestilencia. Todo un poco es San Roque para esta Villa que le honra en agosto cuando ya la fiesta mariana va dejando de oírse en la distancia.

Existe un intenso caudal de leyendas, tradiciones ancestrales, devociones antiguas, que conectan la presencia de la divinidad, de lo sagrado –lugar hierofánico– con la frontera de los pueblos, con el “límite” real o imaginario. También con la vía de comunicación entre pueblos enfrentados que litigan por la propiedad de una imagen como símbolo de su particular señorío. Hechos extraordinarios acompañan a su manifestación que se mantienen y recrean en leyendas cargadas de localismos semejantes a otras tierras castellanas.

Leer más... [San Roque y su ermita como lugar de apropiación]
 
<< Inicio < Prev 1 2 3 4 5 6 7 Próximo > Fin >>

Página 7 de 7