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Antropología Alto Alberche
Hoyocasero en mayo: leyenda y celebración en torno al Cristo de los Santos PDF Imprimir E-mail
Hoyocasero, enclave mítico de centenarios pinares, vino a la luz de estas majadas con motivo de la repoblación de la cabecera del Alberche, allá por el siglo XI, a cargo del renombrado conde don Raimundo de Borgoña, marido de doña Urraca, hija y heredera de Alfonso VI. Sus conexiones históricas con el resto del concejo son evidentemente obligadas. También su devenir intemporal que lo sumerge en un hontanar de encantamiento sobre la base de viejas leyendas pastoriles donde los hoyoqueseranos o jaques, así llamados, se hacen nuevamente protagonistas.

Se escapa la historia de Hoyocasero. Nadie quiso dejarla por escrito y hoy se nos nubla la mirada al rastrear en sus viejos papeles. Esta historia nos habla, tal vez, de viejos trashumantes que atravesaran el paso natural que forma el Puerto el Pico desde los castros celtas de Ulaca o las Cogotas hasta los cálidos riscos del Sur en el Raso, cercano a Candeleda. Siguieron luego los romanos, que trazaron la bella calzada del Barranco de las Cinco Villas como enlace cierto con el Norte, con la vega del Alberche y la Meseta. Poco más podemos referir con certeza. 
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Junto al río, camino de la sierra, María Auxiliadora PDF Imprimir E-mail
Llegado el 24 de mayo se celebra la fiesta chica de la Virgen en Burgohondo, la solemnidad de María Auxiliadora, madre de la familia salesiana. Apenas misa y comida de hermandad; tal vez charanga y un poco de limonada para los asistentes. No es larga la tradición, pero arraigada, simplemente enraizada entre los asistentes que han llegado hasta el sacralizado lugar por el serpenteante caminillo de la sierra. 

La Señora se hace presente en el barrio de Puente Nueva como testimonio elocuente de los campamentos que la comunidad de los padres salesianos venían realizando en los años setenta y ochenta. Hoy es poco más que un recuerdo, si bien agradecido, de su estancia entre nosotros. Jóvenes de Salamanca, Madrid, Valladolid, etc., han llegado durante muchos años a disfrutar de los veranos burgondeños, junto al padre Alberche, acampando en las verdes praderas por encima del puente que cruza camino de los Palancarejos, de Abajo y de Arriba.
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El Santillo de Navalvao (II) PDF Imprimir E-mail
(viene de ayer) Lo cierto es que el Santillo permanecía a lo largo del año en su iglesia-ermita de Navalvao vestido totalmente hasta el cuello y a nadie se le daba oportunidad de investigar cómo era. En un momento dado se descubre y aparece una impresionante talla de madera, unida a una peana de unos cuatro centímetros mediante un palo de madera, a la que le falta una mano que fue serrada para extraerle el mencionado báculo o “garrotillo”. La solapa de la talla lucía una cruz en su lado derecho y una concha o vieira gallega en el izquierdo. En la misma ermita ya el pequeño y deteriorado retablo presenta en el rosetón un Santiago peregrino. También la partida de defunción de Manuel Alonso, ahogado en el río Alberche el día 21 de mayo de 1731, narra que acaece el hecho cuando vienen de la “rogación hecha a la ermita del Señor Santiago de Navalvado”, dejando también constancia que “dicha rogación hay costumbre en el lugar de hacer el primero día del mes de mayo de cada un año”.
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El Santillo de Navalvao (I) PDF Imprimir E-mail
Hacemos una nueva parada en Navalosa con ocasión de la fiesta del Santillo de Navalvao. Llegado mayo, se enturbia el horizonte con el desconocimiento que envuelve la celebración anual del patronazgo del popular peregrino cuya identidad camuflada esconde la historia que narramos: ¿Santiago?, ¿San Felipe? Casi nada se puede comprobar de aquello que se cuenta salvo la continuidad celebrativa que arrastra, devoción y fiesta, a los serranos navalosanos hasta la lejana presencia de la vieja ermita del vado del Alberche, camino de Navarrevisca. La romería en Navalvao, término de Navalosa, es el principio y el final de una investigación que arranca, como de la leyenda, en el lejano medioevo castellano.
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Navarrevisca: La fábula del corregidor y la molinera PDF Imprimir E-mail
Navarrevisca, junto a la puerta que abre serranillos en la Sierra de Gredos, guarnece al primitivo Concejo de Burgohondo en sus continuos pleitos con Mombeltrán. 1132 metros lo separan del nivel del mar, lo que le hace ser a un tiempo centinela y estandarte de un territorio áspero y desagradecido en que, tan sólo, unos cuantos ganados, contemplan, malviviendo, el paso de los años.
 
La belleza de su paisaje embelesa el alma de cualquiera que se acerque a él con el ánimo atento y el espíritu del niño que no ha perdido la ilusión de dejarse sorprender por lo inefable. Navarrevisca, que nos dejó vestigios del pueblo visigodo en las tumbas excavadas en la roca del lugar de “La Mesa”, se sabe heredera de una rica historia. “Vesica” o “vesca”, con el significado de laguna en la altura, en el marco de las montañas; si no “rovisca” por “navarros”, nos habla de viejos moradores medievales que quisieron hacer de ella una de las “navas de Ávila” que surgen en aquel momento. Hoy llega, con la fortaleza de los siglos, con el sedimento una de las culturas populares más rica y variada del Valle alto del Alberche.
 
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