Valle lírico es el del Alberche. Valle profundo de tradiciones legendarias. Cada pueblecillo, cada villorrio o aldea conserva orgullosa su propio temperamento; muchos detalles, tal vez, que entrarían por derecho, en un texto como éste. No hay lugar para todo, y hay que elegir. Quepa, pues lo más significativo.
De Navalosa, cómo no, vengan a estas líneas los Cucurrumachos, hombres que son del carnaval serrano, ataviados con carena y crines de caballo, que cubren su cuerpo con una especie de mono hecho de manga pinguera de los antiguos telares que pronto llenan de paja para arrojarla a la gente.
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Leer más... [Los cucurrumachos del carnaval en Navalosa]
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Cuenta estos días Eduardo Cantalapiedra en El Diario de Ávila que la procesión de Los Romances de Navaluenga estrenará este año su declaración de Interés Turístico Regional y para celebrarlo, desde el Ayuntamiento han decidido editar un folleto que haga posible su promoción a nivel nacional como fiesta más importante dentro de la Semana Santa navalongueña.
Según explica el concejal Juan Carlos Grande, el desplegable incluye un apartado destinado a los orígenes del también llamado ‘Pique’, que podrían datar del siglo XVII como manifestación de fe durante la Contrarreforma y que se generalizó como acto procesional ya a mediados del siglo XIX. Pero además, también se ha incluido una breve explicación de los diferentes desfiles procesionales de la Semana Santa de Navaluenga, acompañada por una reseña sobre la Hermandad de los Romancero y la Banda Municipal de Música, que participa en las procesiones del Silencio y del Encuentro.
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Leer más... [Un folleto promocional sobre el Pique de los Romances de Navaluenga]
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El agua va por el río
y yo voy por la ribera;
el agua va por moler
y yo por la molinera.
Viejos trovadores, antiguos juglares, añejos poetas removieron una vez más la abandonada evocación de rancias consejas en torno a la mágica presencia del agua en el Alberche.
El Alberche es mágico, el discurrir del agua, siempre novedosa, transforma y reverdece cuantos rincones fecunda con su sola presencia, con su solo fluir eternizado. El agua se torna fuente de vida que inunda de espacios el Valle que lleva su nombre, del veterano Valle del Alto Alberche.
Por el solo movimiento, por el poder de su empresa, el río se torna mágico y transporta su magia allá donde llegan y allá de donde vienen sus aguas cristalinas, allá de donde mana el flujo que le fortalece como sangre de la tierra que le vio nacer que de fuente viene a ser garganta; y de garganta, arroyo; y de arroyo se enajena en la comprensión de ser finalmente río, nuevamente río, y río transformador, río Alberche que embelesa en la magia de su frondosa fragosidad.
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Leer más... [Espacio mágico: el culto a las aguas]
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Resulta fácil descubrir las interesantes semejanzas que presentan los ciclos festivos en la mayoría de las comunidades rurales de la vieja Castilla. La fiesta, ayer como hoy, allí como aquí, parece no ser más que cierta forma de remarcar algunos momentos que revisten especial relevancia para la comunidad.
No deja de ser curioso que nuestra sociedad tecnificada postindustrial, que anula al individuo y apenas aprecia otra cosa que el placer, el sexo, el dinero, el poder, etc., siga buscando las manifestaciones del espíritu, la belleza de lo natural y de lo espontáneo, la libertad que identifica a veces con la imaginación y la fantasía, la trascendencia, en suma. Todo esto se encuentra en la fiesta, pero no en una fiesta cualquiera, sino en la fiesta integral, la que realmente libera.
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Leer más... [El ciclo de la fiesta en el Alto Alberche]
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 En Navalosa, el ocho de septiembre, vuelve a pararse el caminante de estos valles con ocasión de las fiestas patronales en honor a Nuestra Señora, la Virgen Blanca. El verano toca a su fin.
Se inicia pronto un nuevo ciclo en que se tornan amarillas las hojas de los árboles, cabe el Alberche, en medio del pétreo horizonte castellano. Allá, donde las bravas aguas del encendido torrente movieran de antiguo hasta seis molinos harineros, allá hay árboles.
El pueblo no olvida la merecida fama que cobraran en tiempos las mantas de sus telares. Apenas algunos han llegado hasta nosotros. Hubo ocasión de visitar todavía el de Julia Sánchez Martín quien, junto a los trabajos artesanales de su marido, Eusebio González González, demostró para nosotros el ingenio de estas sencillas industrias.
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Leer más... [Navalosa en la fiesta de la Virgen Blanca]
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